Anna regresa de África, donde ha trabajado dos años en una ONG, y se contrata como guardia de seguridad en un exclusivo centro de salud a las afueras de Barcelona.

En una ronda nocturna del trabajo conoce un joven, ingresado por orden judicial, que no camina por causa de una parálisis y que se niega a revelar su identidad.

 

Pero Anna no puede sacarse el continente africano de la cabeza.

VENTURA PONS

2009
A LA DERIVA
A LA DREIVA

Anna regresa de África, donde ha trabajado dos años en una ONG, y se contrata como guardia de seguridad en un exclusivo centro de salud a las afueras de Barcelona.

Al romper con su chico e irse de casa, un compañero de trabajo le deja una autocaravana como vivienda provisional. Pasa unas semanas en un camping desierto y después se instala en el aparcamento de una área de servicio de la autopista. En una ronda nocturna del trabajo conoce un joven, ingresado por orden judicial, que no camina por causa de una parálisis y que se niega a revelar su identidad. Ella sentirá una creciente atracción, que se materializará en una relación oscura y de dependencia.

 

Pero Anna no puede sacarse el continente africano de la cabeza.

 
A LA DERIVA 
VO/
 
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SOBRE A LA DERIVA

 

A éste proyecto he llegado por varias razones. Una de ellas, quizás la que, a ojos de ajenos, pueda parecer más importante, es que tanto Anita no perd el tren como Amor Idiota, las dos películas que he hecho amparadas en la fabulación del gran Baulenas, funcionaron muy bien tanto artística como comercialmente en todos los países donde se exhibieron, que fueron muchos. No es de extrañar que tuviera ganas de volver a trabajar con el mismo escritor ya que en las dos historias precedentes me había sentido muy bien como narrador.

 

Así que durante estos últimos años he continuado leyendo a Lluís-Antón Baulenas, bañándome en su riquísimo universo, hasta que llega a mis manos su última novela, Àrea de servei. Según él, esta narración cierra la trilogía iniciada con los dos textos anteriores que he llevado al cine. Baulenas, que es un amigo con el que comparto amplios criterios en campos que no son únicamente literarios, me había enseñado la historia de Anna y Giró en una redacción previa a la editada. Me gustó el germen del relato, pero, honestamente, no le vi la traslación cinematográfica y así se lo dije. Salió la novela y, curiosamente, algunos críticos me sorprendieron, ratificando lo anunciado por Baulenas, para ellos “parecía una película” mía. Al margen de esta apreciación, la situación era muy parecida a la que había vivido con Amor idiota, novela que también me había costado mucho verla cinematográficamente. Ambas historias, Amor y Àrea, eran muy potentes, pero, a diferencia de lo que me apuntaban desde los papeles, las veía muy difíciles de adaptar al cine. ConAnita, basada en Bones obres, todo fue diferente ya que el relato me produjo un coup-de-foudre que se materializó en un guión que me fluyó instantáneamente. Pero las adaptaciones tienen estas cosas.

 

Baulenas insistió y me pasó una escaleta para un posible guión de Àrea de servei que, al cabo de dos o tres meses, me puse a desarrollar, pero que dejé al poco ya que su propuesta no me fluía cinematográficamente. Unos meses más tarde, con más lecturas y más darle vueltas a la novela, me pareció encontrar un punto de inflexión – el referente africano, como leit motiv, que aparecía brevemente en el texto - donde basar la estructura narrativa, el concepto de la adaptación. Como he apuntado infinidad de veces, siempre se trata de lo mismo, si no tienes el concepto narrativo claro no puedes explicar la historia. Así empecé a levantar el guión de A la deriva.

 

La principal atracción radica en unos personajes enfrentados, de una forma muy peculiar, a un tema universal, la necesidad del otro. A la vez presenta subtemas igualmente riquísimos, apasionantes, muy presentes en casi todas mis películas, como la amistad, el desasosiego y el desarraigo... Así que una vez más vuelvo a centrarme en uno de mis temas predilectos, la necesidad del otro, pero planteado desde una desesperanza, un desarraigo enfermizo, que caracteriza a la protagonista.

 

Anna, una mujer de treinta años, regresa marcada, quemada de y por África. Tanto del trabajo durante dos años como enfermera en una poderosa ONG, como, sobretodo, de la falta de sentido del mismo. Todo lo que le motivó a irse se le ha desmontado. La realidad de esa experiencia no es tan idílica como nos pintan a los europeos y ella está asqueada por la inexistencia de los valores que la condujeron, tiempo atrás, a meterse en ése mundo. Desengañada, acepta el primer trabajo que le proponen. Nadie de su mundo entiende que se contrate como guardia de seguridad nocturna en un lujoso centro de salud y estética, un reducto de lo más exclusivo de nuestro mundo occidental. Tampoco nadie entiende que rompa con Ricard, su pareja, y aún menos que se vaya a vivir sola a una autocaravana estacionada, primero, durante unas semanas en un camping desierto junto a la playa y luego en el aparcamiento de una área de servicio de la autopista. Su habitáculo, un microespacio rodante, le permitirá entrar en contacto con seres que comparten con Anna, soledad, desamparo, desarraigo, marginalidad, queridos o no. Es el mundo que, contrapuesto al del centro super fashion, rodea estos meses de su vida.

 

Todo ello mientras, en el centro de salud, Anna conoce a Giró, un joven inadaptado, ingresado por orden judicial, que no anda por una parálisis y que se niega a revelar su identidad. Anna siente progresivamente una creciente atracción por ese ser extraño, y queda atrapada en una relación oscura y de dependencia. Se cree una mujer fuerte que puede controlar sus emociones. Sin embargo, el encuentro sexual con el camionero nos demostrará que no es cierto. En una metafórica noche del solsticio de verano asistirá al rechazo de Giró, la persona que había dejado entrar en su vida. Y también a la crudo hecho de la imposibilidad de su relación. Pero el retorno final a África, al sueño que Anna nunca se ha sacado de la cabeza, será como un volver a la búsqueda, una vez más, de una realidad efímera o quizás a la desaparición final engullida en medio de sus propios sueños.

 

África como una metáfora de los sueños de unos seres que quieren huir de su realidad inmediata. Partiendo de esta idea que utilizo para abrir y cerrar la película, pero también puntualmente para subrayar los estados emocionales de la protagonista, quiero dejar fluir la historia. Quiero volver a hacer una película en que la narración – y la cámara – sea, como en Amor idiota, absolutamentelibre, para explicar el ansia que siente Anna para hallar al otro, en medio del desconcierto y la desazón de nuestro mundo.

 

Toda la película estará contada cámara al hombro, pero no por hacer una películamoderna. No quiero ser moderno por un día. A la deriva habla de nuestra desazón, pero también de la ansiedad de encontrarse uno mismo buscando un sentido a la vida. Y eso me lleva a plantearme la película de una manera aparentemente casual, aunque en realidad, todo esté muy preparado, como siempre. Tal como expliqué a raíz de Amor idiota, película con la que creo que va a tener mucho que ver, creo que a la historia de Anna le toca pasar de la caligrafía estilística, sin perjudicar los planos. Tiene que parecer como si la cámara ande buscando con ella, con sus ojos, con su mirada, con su sentimiento, pero sabiendo siempre lo que yo, como narrador, necesito enseñar, libremente. Eso en cuanto a lo que ocurre a su vuelta en su periplo occidental. El tratamiento africano será obligatoriamente distinto, condicionado por las imágenes a las que pueda acceder y fundir en el relato. En mis películas busco en la propia historia la forma que me pide para explicarlas mejor, intentando armonía y coherencia entre contenido y forma. Y me dejo llevar, siempre libremente.

 

Ventura Pons

A LA DERIVA

Una producción de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

con la colaboración de

TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

Guión de

VENTURA PONS

 

Basada en la obra de

LLUÍS ANTON BAULENES

 

Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Directora de Producción

MAITE FONTANET

 

Música

CARLES CASES

 

Fotografia

JOAN MINGUELL

 

Montaje

PERE ABADAL

 

Art Director

BEL·LO TORRAS

 

Ayudante de dirección

CARLES VALERO

 

Sonido Directo

NATXO ORTÚZAR

 

Laboratorio

IMAGE FILM

 

Estudio Montaje y Sonido

INFINIA

 

Distribución a España y Andorra

BADITRI

 

Distribución Internacional

LATIDO

 
A LA DERIVA
 
A LA DERIVA

Santo Domingo (República Dominicana)

Haifa (Israel)

Seattle (US)

La Paz i Santa Fe (Bolívia)

Bogota (Colombia)

Melbourne (Austrália)

Moscou (Rusia)

Reykjavik (Islándia)

Quito (Ecuador)

Montréal i Saskatoon (Canada)

Munic (Alemania)

Calcuta (India)

Montpellier (Francia)

L'Havana (Cuba)

Napoli Film Festival (Itália)

Belgrad (Serbia)

México D.F. (México).

 

Premios:

Nominaciones Premios Gaudí: Maria Molins (Mejor Actriz).

A LA DERIVA

Los partidarios del cine de Ventura Pons más ligero, sin exceso de texto ni interpretaciones exageradas, pero tan hondo, personal y trascendente como el que más, se identificarán con A la deriva. Y seguro que no es casualidad que la cinta se haya rodado y estrenado en un tiempo récord: es un trabajo para no guardar en una estantería, porque retrata, con esa sencillez a la que aludíamos, las angustias de un personaje muy reconocible de este momento. Una cooperante que necesitaría varias ONG para arreglar sus problemas más cercanos: su pareja o su posición frente a la violencia (el episodio del camping). Un retrato intermitente sobre preocupaciones actuales, enérgico, y plagado de diálogos que, en boca de estos animales heridos, rompen y rasgan, sin numeritos dramáticos.

Pere Valls

Fotogramas

Zonas de tránsito


Una clínica privada, situada a medio camino del escenario congelado de El año pasado en Marienbad (1961) y los laberintos enigmáticos del hospital Kingdom, un cámping más bien sórdido y un área de servicio convertida en refugio provisional son los lugares por los que transcurre la deriva existencial de Anna, objetora del espejismo redentorista de una ONG, en la última propuesta de Ventura Pons.


Adaptación de la novela Àrea de servei, de Lluís-Anton Baulenas, la película contiene personajes con miga respaldados por interpretaciones cargadas de electricidad (María Molins, Albert Pérez, Mercè Pons, Roger Coma), pero su sentido del riesgo cae en opciones tan discutibles como la de montar en paralelo un encuentro erótico con imágenes de africanos masacrados.

Jordi Costa

El País

Ventura Pons segueix exercint de Woody Allen català i filma una pel·lícula a l’any. El més destacable és que les seves, gairebé sempre a partir d’originals literaris o teatrals, no solen ser apostes fàcils. A la deriva és la seva tercera adaptació d’una novel·la de Lluís-Anton Baulenas, després d’Anita no perd el tren (2001) i Amor idota (2005), i ara Àrea de servei, amb un oportú canvi de títol que defineix la veritable deriva en què es troben uns éssers en perpètua fugida de si mateixos. Persones que intenten localitzar un refugi humà on acollir les seces pors i els seus dimonis interiors.

 

La protagonista és una jove que ha tornat de l’Africa després d’haver treballat dos anys com a infermera en una ONG. Vol trencar amb tot, fins i tot amb la seva parella. Ha trobat una feina amb horari nocturn com a guarda de seguretat en un centre de salut i estètica. Durant el dia, la seva realitat és provisional i itinerant. Ha triat viure en una autocaravana per allunyar-se del món.Aquest punt de partida pot desconcertar el qui esperi una mirada crítica sobre les organitzacions humanitàries i el desengany que la realitat coneguda allà pot produir. La pel·lícula va per altres camins. Mostra uns personatges per als quals la vida comença a mancar de motius per ser viscuda.

Lluis Bonet

Time Out

Lejos de África

 

Adaptando de nuevo una novela de Lluí-Anton Baulenas, el director catalán Ventura Pons ha realizado un film descarnado y exquisito, donde los animales heridos vagan a la deriva, aferrándose a la vida con uñas y dientes. Los personajes de A la deriva aparecen ante nuestra mirada como seres dolientes, surgidos de distintos círculos infernales que se nos permite conocer o no, porque es en la inmediatez de su presencia física y elecciones donde se reconocen y nosotros los identificamos sin paliativos ni justificaciones para sus conductas, que jamás se nos permitirá juzgar. Las propias decisiones sobre dónde trabajar, vivir, con quién, a quién querer… son siempre adecuadas, en cuanto están motivadas por una reubicación constante. La protagonista del film, Anna (María Molins), vuelve de un viaje a ese inframundo de horror cotidiano televisado sin pudor, una África de ONG, en una huida que acaba no siendo tal. La elección de un trabajo de guardia nocturno, alejado de su experiencia anterior, la firme solidaridad con su compañero y la dependencia de su relación con un desconocido forjan un proceso de duelo en el que todo debería estar permitido.

 

Ventura Pons escarba con fluidez y tremendo respeto en las entrañas de un comportamiento que nos obliga a leer sin prejuicios, a observar sin interpretaciones precipitadas, apoyándose en un ritmo de narración que nos seduce con la curiosidad de un thriller y la subyugación de un melodrama, alternando sin romperlo las imágenes de África y las de Anna en su vida social, pero sobre todo en su intimidad, donde es ella misma sin testigos, donde puede caminar en círculo o entregarse a un vacío reparador.

 

A la deriva es una película de potente gestualidad, en la que los movimientos expresan los estados anímicos, Anna habla poco, se mueve como un animal herido, enjaulado, sus gestos son secos y dicen lo que no quisiera revelar. Incluso el espléndido reparto de “falsos secundarios”, como diría su director, nos muestra más que nos cuenta; Eufe Pavón (Anna Azcona), una conducta compulsiva de autodestrucción; Arcadi (Fernando Guillén), el inquietante y mudo observador; Giró (Roger Coma), empeñado en ocultar su pasado… Contados personajes hacen gala de una mayor locuacidad, sobre todo Carducci (Albert Pérez), como si al sumir quienes son y por qué están ahí hubieran cerrado ese círculo convertido en pura senda de tanto pisar, como si hubieran encontrado ya la fórmula para compartir su soledad.

 

Eva Peydró

Cartelera Turia

Retrato de una mujer sola

 

El cine de Ventura Pons ha sido todo un modelo de literatura llevada al cine en una industria regida por un concepto a veces decimonónico de la adaptación. Una vez más, “A la deriva” no parece en absoluto literaria, pese a ser la tercera incursión de Pons en el mundo del escritor Lluís-Anton Baulenas, tras “Amor idiota” y “Anita no pierde el tren”, que no están entre sus mejores películas. Tampoco me lo parece ésta, aunque cumpla la regla que él mismo explica de tener muy claro el concepto narrativo previo para contar bien una historia. En el haber, la fluidez del encuadre y el trabajo sobre la repetición: concepto formal para explicar la historia de una mujer muy sola, que decide retirarse de la vida y aceptar un monótono trabajo de segurata nocturna en un lujoso centro de salud. En el haber también, el trabajo de María Molins, que aborda el personaje nada simpático de la protagonista, Anna, la mujer que flota a la deriva, y sabe dar carne a los tiempos muertos y a los desencuentros cotidianos que marcan su compás de espera vital. En el debe, la metáfora de África, que se reduce a un molesto por repetido leitmotif de imágenes desoladoras que sirven para explicar (¿para qué?) la anomia de Anna (quemada por su trabajo en una ONG). Y en el debe también: los personajes que rodean a la protagonista, empezando por el famoso que escribe que hace de escritor famoso (Boris Izaguirre). La película se contagia de la deriva de su protagonista y resulta un tanto desangelada.

Antonio Weinrichter

ABC

Ventura Pons no es sencillo

 

Y digo que no es sencillo porque es difícil de catalogarle, porque es difícil de definir en un único estímulo visual, porque ha tocado y tocará mil historias, mil personajes y siempre con ese toque personal e inimitable. Dicho esto, animo a cualquiera a acercarse a su cine, a su elemento vital que suele ser el ser humano dolido de sus guiones, también activista en la responsabilidad de las frases de sus films.
En esta ocasión hasta me atrevo a decir que toca película buena, película sin florituras ni atenciones para el espectador, es decir, nada de dejarle cómodo en la silla como en Amor Idiota, toca sufrir con una protagonista que tiene mucho que contar en el silencio de sus días, en el silencio de un pasado que descrubriremos poco a poco, al abrigo de un sentir cada vez más obsesivo, típico del cine del director catalán, que profundiza normalmente gracias a las obsesión y lo que esta acaba por hacernos hacer.
Después de Forasteros, una obra más suya, podremos acercarnos de nuevo a la esencia de sus películas, con un enfoque quizás más moderno del rodar y del mostrar, veremos hasta qué punto. María Molins (Cobardes) tendrá la responsabilidad de la estrella del minutaje, gran elección, el teatro le precede con buenas críticas y el cine le acoge con tranquilidad pero de forma firme. Roger Coma su partener (Salvador Puig Antich) más acostumbrado a otro tipo de trabajos pero deseando verle en este nuevo rumbo.


Ideal para el espectador que desee entrar de lleno de un drama no tanto de llorar sino de pensar, de sentir con la atención fiera del desconocimiento. Una manera de buscarnos a nosotros mismos en una historia muy profunda e íntima.

Gustavo Van Santos

Revista Shangay

El imacto comercial de Ágora ha obligado a retrasar unas semanas el estreno de la nueva cinta de Ventura Pons. Como suele ocurrir, las películas pequeñas no lo tienen fácil para abrirse su hueco ante el paso firme de las superproducciones.
Aunque, por una vez, es una cinta española la que hace “sufrir” a otra. Y frente a la espectacularidad de la nueva cinta de Amenabar, Pons ofrece una película en la que priman los sentimientos de sus personajes. Las dos tienen en común la voluntad de sus directores por adentrarse en el alma femenina, en el interior de sus complejas protagonistas. A partir de ahí se acaban los posibles paralelismos.


Ventura Pons estrena A la deriva tras recibir el Premio de Honor del festival LesGaiCineMad. Puede presumir de ser de los pocos directores que estrenan regularmente sus películas, una por año. Tras la teatralizante y algo rígida Forasters (con una Anna Lizarán para el recuerdo), Pons cambia radicalmente de estilo e historia. Como tantas otras veces en su filmografía, se vuelca en un personaje femenino, complicado y repleto de matices, al que no intenta justificar, sino seguir en su camino. Anna (una esforzada María Molins) acaba de llegar, decepcionada y cansada, de África, donde colabora con una ONG. Y decide romper con su acomodada vida en Barcelona. Consigue trabajo como guardia de seguridad nocturna en una clínica de lujo e intenta buscar nuevo camino. Apoyada por Carducci (Albert Pérez), enfermero gay con el que comparte las guardias y muchos secretos, y desconcertada por Giró (Roger Coma), un enfermo con el que comparte sexo y poco más. Anna intenta reconciliarse con el mundo que le rodea y consigo misma.


Ventura Pons utiliza una cámara nerviosa y un estilo descuidado, en una película por momentos incómoda y siempre al límite que demuestra la inquietud de su creador por no acomodarse.

William Munny

Precriticas.com

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