EL VIRUS DE LA POR, VENTURA PONS

Pere-Lluc es un hombre que navega entre en la ironía y el escepticismo, con un toque de humor (a veces negro) y un modo de actuar caótico, excesivo, descontrolado, fruto del momento de crisis que sufre.

Una noche, borracho, tropieza con la escalera de aluminio de una chica que se dedica a colgar banderolas en las farolas. Cae al suelo y, medio conmocionado, se queda fascinado con ella. Cada día que pasa se obsesiona más y más: !la chica es una tortura! Asistiremos al relato de la tormentosa pasión para conseguir su amor.

VENTURA PONS

2004
AMOR IDIOTA
AMOR IDIOTA

Pere-Lluc es un hombre que navega entre en la ironía y el escepticismo, con un toque de humor (a veces negro) y un modo de actuar caótico, excesivo, descontrolado, fruto del momento de crisis que sufre.

"Mi vida consiste en un largo y provechoso viaje hacia la idiotez. Como una carcoma en madera vieja, se abre camino hasta el último momento. El tiempo pasa y no cambiamos. Y la experiencia no nos hace más sabios, sino más viejos".

Una noche, borracho, tropieza con la escalera de aluminio de una chica que se dedica a colgar banderolas en las farolas. Cae al suelo y, medio conmocionado, se queda fascinado con ella. Cada día que pasa se obsesiona más y más: !la chica es una tortura!

Asistiremos al relato de la tormentosa pasión para conseguir su amor.

 

"Los idiotas sólo podemos tener fe, esperanza y caridad. Y un poco de amor, porque es gratis".

EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
 
AMOR IDIOTA
VO/
 
AMOR IDIOTA

SOBRE AMOR IDIOTA

 

A Amor idiota llegué por muchas razones. Una de ellas, quizás, es que Anita no perd el trenfuncionó muy bien tanto artística como comercialmente en todos los países donde se exhibió, que fueron muchos y tenía ganas de trabajar con el mismo fabulador. Así que continué leyendo a Lluís-Antón Baulenas, bañándome en su universo, hasta que me llegó a las manos su última novela Amor d’idiota. Baulenas me la había enseñado hacía varios años, en una redacción diferente, con otro título pero con el mismo gérmen de la historia. Siguió trabajándola, work in progress, luego la leí en una nueva fase, que me volvió a parecer inacabada, pero muy atractiva. Después, él la reescribió y tomó la forma que finalmente tiene la novela y cuando la volví a leer pensé que la historia era muy potente, pero muy difícil de adaptar al cine. Con más lecturas del texto y tiempo para reflexionar y darle vueltas, me pareció que, por fin, había encontrado la estructura narrativa, el concepto de la adaptación. Siempre es lo mismo, si no tienes el concepto no puedes explicar la historia.

 

Me atrajo porque plantea unos personajes enfrentados, de una forma muy peculiar, a un tema universal, la necesidad del otro y a la vez presenta subtemas igualmente riquísimos, apasionantes, también presentes en casi todas mis películas, como la amistad y la muerte... Así que me encuentro de nuevo volviendo a mi tema predilecto pero planteado desde la obsesión, desde la ansiedad, quizás de una forma enfermiza, que caracteriza al protagonista del relato.

 

Pere-Lluc está que arde por conseguir a Sandra mientras intenta superar la apatía de la vida cotidiana y la súbita muerte de su amigo. Yo veo a este personaje como una fabulación de la desorientación hombre moderno. Llega a una edad, los treinta y pico, en la que se da cuenta de hasta qué punto la vida puede ser vacía y hasta qué punto te tienes que apoyar en las cosas pequeñas que son las que te dan la felicidad, mucho más que en las grandes ideas y en los sueños. Se da cuenta de que la vida no es que sea poca cosa, sino que tiene mucho que ver con encontrar el sentido a tu mundo, a las pequeñas cosas de cada día. Él se apoya en la esperanza de conseguir su amor, Sandra. A la vez se le cruza, inesperadamente, la muerte de su amigo. Quizás influye que ya tengo una cierta edad y he perdido amigos muy cercanos, como le pasa al personaje, son realidades que hacen daño y cuando cargas con ese sentimiento, necesitas sacarlo. En mis películas siempre voy expulsando demonios y fantasmas. Eso por una parte, pero también me atrajo poder mostrar la narración desde el lado tragicómico del protagonista.

 

Todo me parecía muy interesante y me decidí por esta historia, pero la llevé al cine, sobre todo, porque intuí que podía narrarse de una manera muy particular. Pensé que si ésta era una historia del ansia por el otro, tenía que hacer una película en que la narración – y la cámara - fuera ansiosa, nerviosa. Y creo que esta idea ha hecho que Amor idiota sea mi película más libre, desde el punto de vista narrativo. Para explicar el ansia de Pere-Lluc he utilizado todos aquellos elementos que, por un falso purismo, siempre había detestado. Por ejemplo, el zoom. Antes lo tenía prohibido a mis operadores, hasta el punto que les miraba la maleta donde llevan todas las ópticas para no lo incluyeran. Y resulta que esta vez no es que me haya reconciliado con él, es que he acabado adorándolo. Y me ha parecido lo más normal del mundo. Toda la película está contada cámara al hombro, con cantidad debarridos, intentado, evidentemente, no marear al espectador, pero no lo he hecho por hacer una película moderna. No quiero ser moderno por un día. Amor idiota habla de la desazón del hombre moderno, pero también de la ansiedad de la creación, del encontrarse uno mismo buscando un sentido a la narración. Y eso me ha llevado a hacer la película de una manera aparentemente casual, aunque en realidad, todo está muy preparado, como siempre. Esta vez paso del caligrafismo, sin perjudicar los planos. Yo hago ver que la cámara busca, pero sé lo que quiero enseñar. Me ha gustado mucho hacerla así, porque me he sentido muy libre. Y en mis películas siempre he buscado de qué forma puedo explicar mejor las historias y me he ido sintiendo cada vez más libre buscando armonía y coherencia entre contenido y continente. Mario Montero, el director de fotografía y cámara, ha sido el cómplice ideal para este planteamiento estético.

 

De la novela cambié bastantes cosas. Porque en el libro se cuenta la historia a través de un monólogo interior y tuve que sintetizar y reordenar su complicada estructura para que los actos fueran más claros desde el punto de vista dramático con el fin de buscar los momentos álgidos y dar toda la progresión y el cambio de los personajes. Lo que más me obsesionaba era encontrar la curva dramática y creo que he dado con ella. Baulenas, sitúa la acción un año después de los Juegos Olímpicos y yo la he llevado al 2004, porque me parece que la desorientación del hombre contemporáneo, diez años más diez años menos, desgraciadamente, continúa siendo la misma. En el fondo las olimpiadas no dejaban de ser un decorado y los decorados muchas veces son efímeros, se destruyen como todo en la vida.

 

También he cambiado una localización dramáticamente importante. En la novela el amigo de Pere-Lluc es italiano y en la película, argentino, porque la realidad de correspondencia con los actores argentinos es ahora mucho más grande. Y me pareció que tendría una base realista más fuerte. Por otro lado, la distancia aumenta el sentido dramático. Si se me muere un amigo de Italia, coges un avión y vas inmediatamente. En cambio, si fallece en Argentina, te lo piensas dos veces porque todo se complica más. El amigo ausente es el elemento catártico. Pere-Lluc, desesperado por que Sandra le ha dejado, se va a Buenos Aires buscando su recuerdo pero en el fondo es a él mismo a quién tiene que encontrar. Y, como ocurre a menudo, te encuentras a ti mismo a través de los otros.

 

En fin, en esta película está llena de reflexiones en voz alta sobre el amor, la muerte, la comunicación... Luego hay algo que me entusiasma y que encuentro muy original y es que él está convencido de que es idiota. Bueno, él piensa que todo el mundo es idiota, pero la diferencia es que él lo reconoce abiertamente. La ironía está en presentar la idiotez como un hecho cotidiano y mostrar la trascendencia que tiene dentro de esta sociedad tan idiota, casi descerebrada, que entre todos estamos haciendo..... Me parece muy paradigmático, muy universal. La historia tiene unos giros maravillosos y fantásticos. “Los idiotas sólo podemos tener fe, esperanza y caridad. Y un poco de amor porque es gratis.” Y me permite cerrar con un final irónico, que espero que se entienda, que es, perdón por la osadía, como el clásico final de Chaplin. Con ese happy end intento hacerle un guiño al espectador.

 

Era difícil llevar esta historia al cine, pero cuando tienes oficio, las dificultades se vuelven agradables, no me interesa lo fácil. Si quiero a esta película es porque he luchado por ella. Hablo como guionista y director, no como productor. Me refiero al nivel de creación. Si también soy productor es básicamente para ser una persona libre. Lo más difícil, como siempre, ha sido el tiempo interno, mantener la tensión dramática. La estructura es bastante clásica, chico encuentra chica, se enamoran, se pelean y se vuelven a encontrar. Pero todo esto es tremendamente sutil. Había un momento en el guión que me hacía sufrir mucho y es el tiempo que precisaba para explicar la evolución de la relación después del batacazo que ella le da en la cabeza. En el libro ocupa muchas páginas, pero en la película tenía sólo unos minutos para explicarlo. También me preocupó el tratamiento de algunos personajes y cómo ubicar la presencia de los amigos, que son personajes difíciles y complejos, llenos de matices.

 

He tenido la suerte de trabajar con unos actores magníficos, que además han revelado la química que yo intuía que podían tener, más incluso de la que ellos mismos pensaban. La gracia es intentar ir un poco más allá y no quedarte en lo obvio. En este sentido hice una apuesta por Cayetana y por Santi.

 

Siempre he admirado a los actores cómicos, a menudo poco valorados, porque acostumbran a ser muy buenos dramáticos. Y creo que Santi Millán es uno de los mejores actores con los que he trabajado; por un lado tiene el bagaje de diez años con La Cubana multiplicándose en personajes diferentes y una técnica muy depurada que le viene de la televisión. Pero sobretodo tiene un don especial, ni le notas ese mínimo de impostura que todo actor necesita para crear al otro. Cayetana Guillén es una actriz dramática muy buena. La descubrí en el teatro y tiene dureza, fragilidad y unos registros extraordinarios que aquí muestra muy bien, componiendo un personaje difícil que entiendes perfectamente. Es muy inteligente. Pero no todos los inteligentes son buenos actores. Y no todos los actores son inteligentes. Yo creo que, en este caso, se juntan las dos cosas y hace una actuación de la que ella, realmente, puede estar muy contenta. Los dos, además, están acompañados de buenos actores, Marc Cartes, Mercè Pons, Jordi Dauder… que son el cojín que necesitaba la historia.

 

Del libro VENTURA PONS: LA MIRADA LIBRE, de Anabel Campo Vidal.

 

 
AMOR IDIOTA

Guión, Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Guión basado en la novela

AMOR D’IDIOTA

de

LLUÍS-ANTON BAULENAS

 

Productor Associado

TONI CAIRAT

 

Jefe de Producción

AINTZA SERRA

 

Música

CARLES CASES

 

Fotografia

MARIO MONTERO

 

Montaje

PERE ABADAL

 

Art Director

BEL·LO TORRAS

 

Sonido Directo

BORIS ZAPATA

 

Laboratorio

EL LABORATORI DE BARCELONA FILM , S.L.

 

Estudio Montaje

AMADEUS POSTPRODUCCIÓN, S.L.

 

Una producción de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

en associación con

GRANDALLA CINEMATOGRÀFICA, S.L.

 

con la colaboración de

TELEVISIÓN ESPAÑOLA, S.A., CANAL PLUS i TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

distribuïda por

MANGA FILMS, S.L.

 

 
AMOR IDIOTA
PERE-LLUC
SANTI MILLÁN
SANDRA
CAYETANA GUILLÉN CUERVO
JORDINA
MERCÈ PONS
ÀLEX
MARC CARTES
CARDENAS
JORDI DAUDER
NICCO
GONZALO CUNILL
VERA
ANDREA FANTONI
PULIDO
PERE TOMÀS
NOI
HÈCTOR MAS
HOSTALER
XAVI FERNÀNDEZ
 
con la colaboración especial de:
 
NOIA RADICAL
MARIA LANAU
DIRECTOR
JOAN ANTON RECHI
DISSENYADOR
ROGER CASAMAJOR
HELENA
LURDES BARBA
 
 
AMOR IDIOTA

 

Berlín (Alemania)

Guadalajara (México)

Palm Springs, New York (LC) y Tiburon (US)

Asunción (Paraguay)

Haifa (Israel)

Varsovia (Polonia)

Lisboa, Funchal y Oporto (Portugal)

Pinamar (Argentina)

Bruselas (Bélgica)

Santo Domingo (Rep. Dominicana)

Caracas (Venezuela)

Shangai (China)

Vancouver (Canada)

Sochi (Rusia)

Rio de Janeiro (Brasil)

Almaty (Kazahstan)

Montpellier (Francia)

Verona (Itália)

Ljubljana (Eslovenia)

Viña del Mar (Chile)

Estocolm (Suecia)

San Sebastià (España)

México D.F. (México)

Miami (EUA)

San Salvador (El Salvador)

Buenos Aires (Argentina)

Guatemala (Rep. Guatemala)

Bogotá (Colombia)

Brasilia (Brasil)

La Habana (Cuba)

Lima (Perú)

Santiago de Chile (Chile)

Panama (Panama)

Quito (Ecuador)

La Paz (Bolivia)

Tegucigalpa (Honduras)

Montevideo (Urugay)

Managua (Nicaragua)

Caracas (Venezuela)

Costa Rica (Rep. Costa Rica)

Hannover (Alemania)

Windhoek (Namibia)

Manila (Filipinas)

Libreville (Gabon)

Milan (Italia)

Praga (Rep. Checa)

Zúrich & Berna (Suiza)

Abidjan (Costa de Marfil)

Belgrado (Serbia)

Tirana (Albania)

Budapest (Hungria)

San Diego (Estados Unidos)

 

Premios:

Nominaciones Premios Barcelona (Premios Directores Cataluña):

Ventura Pons (Mejor Director); Mario Montero (Millor Fotografia).

Nominaciones Premios de la Música: Carles Cases (Millor Banda Sonora). 

 

 

 

 
AMOR IDIOTA

AMOR IDIOTA

Estimar

 

L'amor és idiota? S'escapa de tota comprensió possible? Actua a voluntat sense tenir en compte circumstàncies, valors, pors, estatus i persones? Fa el que li dóna la gana? L'evident resposta afirmativa a totes aquestes qüestions és el nucli de l'última pel·lícula de Ventura Pons. El director d'"Actrius" emprèn amb "Amor idiota" la seva proposta més radical i obté el seu film més heterodox, però també el més sensible, el més romàntic.

 

Després de la comèdia pura –"Què t'hi jugues Mari Pili?", "Rosita Please"-, la pulcra adaptació teatral –"Actrius", "Amic/amat"-, el melodrama –"Menja d'amor"- i el documental –"Ocaña, retrat intermitent", "El gran Gato"-, Pons se submergeix ara en la tragicomèdia. Adapta per segona vegada un text de Lluís-Anton Baulenas, (…) i ho fa des de la radicalitat estilística, amb una càmera nerviosa i inestable que no para quasi mai quieta. L'operació li surt bé, ja que lluny de resultar una opció capriciosa, li permet obtenir una textura dramàtica òptima per emmarcar els seus dos personatges.

 

Els de Santi Millán i Cayetana Guillén Cuervo són possiblement els personatges més humans de la seva filmografia i el director ens els serveix sense concessions, però amb tendresa i sensibilitat. La seva humanitat passa més que mai per la seva imperfecció i la gran troballa de Pons és fer que l'espectador els percebi indefensos i sense capacitat de reacció, sotmesos al fatalisme dels seus sentiments. En aquest sentit, i molt més enllà de la més que evident càrrega sexual del film, ens trobem davant d'una història d'amor preciosa, narrada des de la intensitat emotiva i des de la comprensió d'un home i una dona que no havien previst enamorar-se. Hi ha aspectes menys reeixits, com els referits a uns personatges secundaris certament intranscendents que, si bé expliquen la situació de caos que envolta el protagonista, són irrisoris en comparació amb la força torrencial de la parella central. I és que aquesta història no necessita res més per resultar propera i versemblant -ni tan sols una veu en off que no molesta però que tampoc és imprescindible-. Santi Millán s'enfronta amb un personatge complicadíssim i li sap injectar caràcter, però la gran troballa del film és sens dubte la protagonista. Cayetana Guillén Cuervo sembla incendiada per un raig de sol i il·lumina el film amb la seva criminal sensualitat. Un entén que algú es pugui tornar boig per ella: és el personatge més sexi que ha trepitjat una pantalla en anys. Tots dos contribueixen a fer que el missatge del film esdevingui clarivident: la idiotesa de l'amor només es pot combatre des de la valentia. Renunciar-hi per covardia és absurd, i encara més per egoisme. Això és el que ens diu Ventura Pons, un director que sap explicar històries i sap retratar personatges habitats pel fatalisme més cruel, el que aboca les persones a sentir-se idiotes, a pensar i repensar una vegada i una altra sobre l'única veritat.

Toni Vall

Avui

Chico persigue chica

 

Básicamente podría decirse que la nueva película de Ventura Pons es el relato subjetivo de cómo un tipo que tiene un pobre concepto de sí mismo alcanza la felicidad, un equilibrio transitorio, algún sentido a la vida, un lugar en el mundo o como quiera llamarse. A eso puede reducirse la entretenida, y a ratos algo más, "Amor idiota", atendiendo a una estructura narrativa conducida por la confesión en primera persona del protagonista, un hombre al final de la juventud que se enamora a primera vista de una desconocida a la que persigue hasta más allá de lo razonable.

 

Inspirada de nuevo en una novela de Lluis-Anton Baulenas, autor también de la que originó "Anita no pierde el tren", se mueve con desenvoltura entre varios registros, rozando siempre la comedia, incluso absurda, pero cercana a la tentación del melodrama desgarrado y romántico, con una apariencia realista reforzada por la calculada inestabilidad de una cámara curiosa, como de reportaje, que invade a prudente distancia los merodeos y la intimidad de los personajes.

 

Los personajes de Pons, en especial el que interpreta Santi Millán, que sale airoso del reto de poner un pie en la comicidad y el otro en aguas pantanosas de mayor gravedad, son muy dados a la definición y a la sentencia existencial, a acuñar frases brillantes, y las dicen, sobre todo en "off", con un aire de naturalidad que recuerda inevitablemente a las películas de Woody Allen, del que tan cerca, salvando las distancias, suele situarse Ventura Pons, ejerciendo una agradecible libertad con el paracaídas de un oficio que le permite amortiguar imprevistos y caídas. La peripecia argumental se concentra en esa obsesión irracional del protagonista y todas las demás historias tan sólo forman parte del fondo, de un paisaje vital mayoritariamente anodino en el que hay soledad, rutina, pasiones vulgares y el recuerdo nostálgico de una amistad especial como único contrapunto verdaderamente trágico. Como la vida misma, pero más entretenida.

Alberto Bermejo

EL MUNDO

Una insólita pareja

 

¿Cuál es aquí el "clic"? Varios. Uno, para empezar, tiene que ver con la determinación casi suicida, demencial, de Santi Millán por ser aceptado por su objeto de amor, la al comienzo lejana, inaccesible, Cayetana Guillén Cuervo: en la manera como el director muestra esta determinación hay mucho de cariño, mucho de irónica solidaridad con su criatura, a la que trata sin paternalismos de ningún tipo. Otro, que en su afán por contar la historia de la insólita pareja, Pons va dejando de lado otras historias mucho más convencionales, o si se prefiere, menos atractivas (…), para centrarse casi en exclusiva en la disparatada, bien que entrañable, relación entre sus protagonistas.

 

Y otro, en fin, tiene que ver con lo que hace grande a cualquier comedia de enredos amorosos: la excelente química que, más allá de cualquier contingencia del guión, se establece entre la pareja protagonista, un Santi Millán que demuestra sobradamente el porqué de la aceptación popular a su creciente papel como actor plurimediático, y una Cayetana Guillén que, a estas alturas, nadie descubrirá como una actriz impecable, pero a la que hay que agradecer que no desmaye en sus desvelos por hacer cálidamente auténtica cada una de sus comparecencias en una película.

 

Mirito Torreiro

El País

Ventura nada idiota

 

Tal vez cabría convenir –como decía Torrente Ballester- que "la peor soledad que hay es el darse cuenta de que la gente es idiota". Pero ocurre que el protagonista de esta película ya se autodefine, de entrada, como un idiota. Un ser errático al que Santi Millán, vulnerando una vez más su fama de gracioso televisivo, otorga notoria credibilidad. Tras su documental "El Gran Gato", Ventura Pons retorna a lo que siempre le fue más propio: un tipo de comedia muy personal, que el tiempo, la necedad imperante y la soledad globalizada convierten en amarga y sarcástica. Pero la producción de una película –y Pons produce sus propias películas- exige compromisos que, en "Amor idiota", se traducen en un tramo inicial desconcertante –la chocarrera fiesta de cumpleaños-, ciertas concesiones como los famosos (devinieron pasión en las ruedas de prensa) dieciocho coitos, colección de videoclips donde el espectador tal vez escoja el suyo. Pero este filme –libre, perverso y más profundo de lo que parece- no hace sino transformar en imágenes actuales aquella aseveración de Séneca: "Es preciso que vivas para otro si quieres vivir para ti". Tal es el drama del protagonista, cada vez más ajeno a todo excepto al "amour fou" que siente hacia una mujer (Cayetana Guillén Cuervo). Es ahí donde Ventura Pons evidencia su talento narrativo.

Lluis Bonet

La Vanguardia

Amor idiota

 

Y, como inoculado por el virus del Dogma, el director parece estar dando patadas a la cámara, animando al operador a que arriesgue en sus encuadres y haga violentos barridos por las escenas, intentando ponerse a la altura del desgarro, la fragilidad y el desasosiego de sus dos protagonistas: una magnífica Cayetana Guillén Cuervo y un Santi Millán que (…) muestra madera melodramática, trágicómica, incluso comicotrágica. "Amor idiota" (…) es divertida y patética, tiene compasión por sus personajes pero sin pasarse y les ofrece diálogos espléndidos para expresar la mayor soledad, el más grande cacao mental.

Pere Vall

Fotogramas

Amor idiota

 

Redonda e inteligente. Pons ha conseguido una película muy poco idiota en la que, curiosamente, el amor que empieza obsesivo acaba siendo controlado. Un trabajo cien por cien Ventura Pons: la cámara recorre inquieta la ciudad y se mete en todos los rincones urbanos habitables. No faltan vertiginosos viajes en moto, sexo sin medida, preguntas existenciales.

 

Pere-Lluc Solans es un tipo de 35 que sabe que es un idiota y que no dejará de serlo. Está desorientado, la última relación larga que tuvo duró ocho meses. Una noche sale de copas, solo, para consolar la muerte de su amigo lejano. De vuelta a casa se encuentra a Sandra, subida en una escalera, colgando carteles en la madrugada. Se enamora rollo flechazo. Y se decide a espiarla. A partir de ahí, despega el ansioso viaje de Pere-Lluc con el objeto de desatar los lazos del amor. ¡Qué buena!

E. Lahoz

METRO DIRECTO (MADRID)

La contemporánea idiotez

 

El plano final es puro Chaplin. Es entonces cuando nos damos cuenta de que Santi Millán y Cayetana Guillén Cuervo (ambos impecables) son la versión siglo XXI de Charlot y Paulette Goddard, dos vagabundos de sí mismos, dos criaturas solitarias que luchan por sobrevivir en la jungla deshumanizada de nuestros días y nuestras insoportables rutinas (ese gintonic que se toma Cayetana cada madrugada mientras espera a su marido, por ejemplo). ¿Dos idiotas? Sí, porque Baulenas en su novela y Pons en su película asocian idiotez con normalidad. Si Millán se siente idiota (y Cayetana lo es sin manifestarlo) es porque ve que no vale ni un pito ni nunca lo ha valido, que es un cualquiera, un ser tan insignificante como su padrino o los amigos que le rodean.

 

"Amor idiota" tiene mucha miga en ese sentido, en el de escáner de nuestras miserias cotidianas. Y es, desde esa óptica, una comedia triste, agridulce. Probablemente le sobren algunos diálogos pasados de trascendencia, que no oímos en las barras de bar: aunque a Millán le digan en un momento que está hecho un filósofo, sus reflexiones profundas (o las de Marc Cartes sobre el escepticismo) chirrían en no pocos momentos. Y probablemente también sobren la mitad de los monólogos en "off" del protagonista, que a veces no hacen otra cosa que redundar en lo que vemos. En contrapartida, Pons rueda en esta película con un estilo nervioso, suelto, casi de mandamiento Dogma, que le va muy bien a la historia (véase la charla entre Millán y Cartes en el restaurante: está filmada con la fluida inmediatez conversacional de un Woody Allen). Esa libertad de estilo encaja de maravilla en los tramos más brillantes de "Amor idiota", como el carrusel de coitos servidos como ráfagas de metralleta, que dan buena nota de una pasión desmedida, o, sobre todo, las escenas de compulsivo fisgoneo de Millán (convertido, él mismo lo dice, en un "psicópata de manual") en el chalet de Cayetana. Ahí se nota la mano de un director atrevido y creativo, que a cada historia que aborda otorga el tono que le conviene: revisen "El vicari d’Olot", "La rossa del bar" o "Carícies" y verán cómo el aserto tiene fundamento.

Jordi Batlle

GUÍA DEL OCIO

¿El amor es la respuesta?

 

El amor, centro explosivo de la vida humana. Santi Millán está desesperado. Al iniciarse la cinta saca su pene para trincharlo como una butifarra (y aún quedan otros tres íntegros del actor: está inmenso). En su deriva existencial choca con Cayetana Guillén Cuervo, una mujer dichosamente casada que nada tiene de princesa pero a la que él se aferra como psicópata de manual y así poder asumir la vida. Como pasa con Dostoievski, los personajes están locos (exasperados, frustrados, horriblemente infelices). Incluso el soliloquio lo pone la narración en off de Millán, en catalán. La imagen final se cierra como una película de Charlot pero no, aquí no hay nada de sentimentalismos exacerbados (¿el sufrimiento exaltado es mejor que la felicidad barata?). Ventura Pons (homenajeado en la última MostraLambda) es quien dirigió, guionizó y produjo esta tragicomedia. Como le ansiaba André Breton a su hija, "te deseo que seas locamente amada. ¡Y vete al cine ya!".

Leandro Palencia

Fotogramas

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