EL VIRUS DE LA POR, VENTURA PONS

Los animales, cuando están heridos, se lamen donde les duele. Esa actitud de autoprotección la adoptamos los humanos cuando la vida da un giro inesperado y nos golpea donde no esperábamos.

Silvio, Marcia, Claudia, Daniel, Irina, Mariela y Jorge Washington son vidas que se entrecruzan, que se interrelacionan, por motivos distintos: amorosos, profesionales, de amistad.

Todos son animales que se lamen las heridas cuando las cosas se tuercen inesperadamente. Se lamen, se levantan y siguen mirando hacia delante; heridos pero vivos.

VENTURA PONS

2005
ANIMALES HERIDOS
ANIMALES HERIDOS

Los animales, cuando están heridos, se lamen donde les duele. Esa actitud de autoprotección la adoptamos los humanos cuando la vida da un giro inesperado y nos golpea donde no esperábamos.

Silvio, Marcia, Claudia, Daniel, Irina, Mariela y Jorge Washington son vidas que se entrecruzan, que se interrelacionan, por motivos distintos: amorosos, profesionales, de amistad.

 

Silvio es un triunfador. A sus cincuenta, tiene una empresa que funciona, dinero, salud, una casa en Barcelona y otra en Cadaqués, una mujer que lo deja tranquilo y una amante más joven, Claudia, con quien mantiene una apasionada relación de igual a igual.Claudia tiene un amigo, Daniel, un joven galerista casado con Irina. La pareja ha caído en una rutina que los está distanciando.

Mariela, una inmigrante sudamericana, trabaja al servicio de Silvio y su mujer y tiene un novio, Jorge Washington, que aspira a una vida mejor.

 

Todos son animales que se lamen las heridas cuando las cosas se tuercen inesperadamente. Se lamen, se levantan y siguen mirando hacia delante; heridos pero vivos.

EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
 
ANIMALES HERIDOS
VO/ ENG. SUBT
 
ANIMALES HERIDOS

SOBRE ANIMALES HERIDOS

 

Hace tres o cuatro veranos leí, o más bien devoré, un libro de relatos que me pareció maravilloso: Piel de Armadillo (Editorial Proa, 1998). El nombre de su autor, Jordi Puntí, me era desconocido, pero no el cosmos del que hablaba. Encontré un mundo terriblemente identificable, con una visión introspectiva, desmenuzadora de emociones. La pluma de Puntí era un bisturí penetrante que me resultaba muy cercano. Más allá de la contemporaneidad à la mode, sus criaturas escondían unas verdades, sinsabores, carencias, más que reconocibles. Era como si ya supiera algo de sus vidas, como si hubieran tenido algo que ver con otras que habían vivido en anteriores películas mías. Me sorprendió a la vez el cosmopolitismo de su autor, aún más al conocer que era un licenciado en filología románica originario de Manlleu, lo que llamamos la Cataluña profunda. Traductor de autores contemporáneos y asiduo colaborador de radio y prensa, en particular de El País, también agradó a muchos más y fue galardonado con el Premio de la Crítica de Serra d’Or y traducido posteriormente al castellano. En 2002, cuatro años después de haber publicado ese primer libro de relatos, aparece, publicado en catalán por Empúries, Animales Tristes, otra sofisticada disección humana compuesta de seis relatos, algunos de ellos con personajes comunicables. Rápidamente se traduce al castellano ya que su prestigio empieza a extenderse entre los connaisseurs; sin embargo, y muy curiosamente, su publicación me pasó desapercibida. Supongo que fue por mi carácter – voy por la vida bastante por libre, ajeno a las modas – o simplemente porque andaba metido en otras andaduras.

 

Cuando al cabo de un tiempo leo los relatos de Animales tristes, me pasa algo parecido a lo que me ocurrió hace años al leer El perquè de tot plegat (El porqué de las cosas) de Quim Monzó, autor con el que me parece que Puntí tiene miradas cercanas, rasgos identificativos, mundos ciertamente paralelos. De repente me encuentro seducido, en primer lugar por su capacidad fabuladora, pero sobretodo por la extraordinaria complejidad de esos personajes llenos de heridas de la vida y del amor, que todos ellos, relato tras relato, nos van enseñando sin pudor. Me fijo enseguida en Iconos rusos y Burbujas, dos historias que configuran un mundo explicado desde dos posiciones opuestas pero complementarias, donde intuyo la base del armazón para edificar una película. Más adelante encuentro en una parte de otro relato, Perro que se lame las heridas, unos personajes que pueden encajar y cruzarse dentro del ambiente y de la moral de los otros dos ya seleccionados. Aparte de que, juntando el título del libro y el de este último relato, intuyo un primer título, Animales que se lamen las heridas,que finalmente se transformará, en una sesión de ensayos en casa de Jose Coronado con Aitana Sánchez Gijón y por sugerencia de Cecila Rossetto, en Animales heridos.

 

Ya tengo las historias. Me pongo en la construcción del guión, en la apasionante búsqueda de unificar su narración. Curiosamente, una vez acabada mi película he revisado, por azar, varias películas estructuradas también a base de tres historias – pienso muy en particular en dos de los lejanos y añorados tiempos del gran cine americano: Carta a tres esposas de Mankiewicz y Cautivos del Mal de Minnelli – donde asistimos a juegos narrativos basados en la utilización de elementos varios – voz en off, diversificación de varios puntos de vista, etc. – que siempre me han sido muy cercanos y a los que he vuelto a recurrir en esta película. Mi guión ha pasado por varias fases de redacción, desde una primera estructuración en base a tres monólogos interiores de los protagonistas masculinos, hasta una redistribución de los tiempos interiores de cada una de las historias en función detempos musicales, para sugerir no únicamente un juego narrativo, sino el estado anímico de sus protagonistas, guiados por una omnipresente voz en off con la que intento unificar su comprensión.

 

Así, estas historias de soledades compartidas de nuestros tiempos, de gente incapaz de relacionarse positivamente con quienes quieren, de seres que se lamen las heridas del amor que ellos mismos son incapaces de evitar, no importa su edad, procedencia o clase social, las he dividido finalmente en tres tiempos musicales: Allegro assai, Moderato tempo giusto y Andante affettuoso, para finalizarlos en un Finale Rondo donde me gusta juntar sus vivencias. Soy consciente de mi placer por las formas diversas, por la deconstrucción narrativa, por romper en muchas ocasiones la narrativa tradicional, pero ante todo siempre me ha preocupado algo tan sencillo como es que mis historias se entiendan bien. EnAnimales heridos la propuesta intencionada es la tragicomedia, un género que me es altamente querido y donde el juego consiste en acompañar al espectador en un viaje que va de la risa al llanto – y por eso ese punto de atención a partir de la musicalidad – donde se reconozca algo tan consustancial como la afectividad que todos necesitamos. Ése vuelve a ser el tema central, como en tantas otras películas mías. Sean comedias o dramas, vuelve a mí la necesidad de mostrar el desespero por la comunicación y por el afecto en nuestra sociedad, que aquí, gracias a las estupendas historias de Puntí, puedo generalizar en ambientes y procedencias diversas, inmersas en este mundo multiétnico en que se está convirtiendo nuestra Europa occidental.

 

Estéticamente la puesta en imágenes, la propuesta formal, no tiene nada que ver con mi película anterior, Amor Idiota, donde la cámara no paraba siguiendo el nervio, la angustia, la desazón del protagonista. Y es que, como he contado muchas veces, siempre procuro buscar la propuesta plástica y el sentido narrativo en la propia historia y, ésta que cuento, con su coralidad y sus tiempos internos, me ha llevado a explicarla de una forma estéticamente más serena, más clásica si se quiere. No hay ninguna renuncia al riesgo que tomo muy a menudo, al contrario, busco mi coherencia en el hecho que los trabajos tengan un sentido propio y ese formalismo, deliberadamente buscado en la composición de las secuencias y en la fotografía de Rafa Lluch, me pareció el más consecuente.

 

He tenido nuevamente la suerte y la oportunidad de que unos intérpretes magníficos, excepcionales, aceptaran ser la personificación de mis criaturas, sin cuyo talentoso trabajo la película no sería lo que es. Con Jose Coronado ya había disfrutado viéndolo meterse en la piel del hombre de la excavadora en Anita no pierde el tren, por lo que ha sido un placer contar con su complicidad – y rigor – en la composición de ese burgués cínico pero sensible que sucumbe a los encantos de una ejecutiva agresiva encarnada por una Aitana Sánchez Gijón en estado de gracia. Aitana compone con autoridad y defiende un papel complejo y difícil con una nobleza exquisita, capaz de transitar y expresar cambios radicales con tan solo una mirada. No veo a ninguna otra actriz mejor para mi Claudia, como tampoco veo a otra Marcia, la mujer que convive con la infidelidad y el abandono, una creación espléndida de la gran Cecilia Rossetto que nos deleita en ese juego tragicómico con el que la actriz, cantante y agitadora cultural argentina se meterá en el bolsillo a toda clase de espectadores. La pareja de la historia central está formada por dos actores que admiro hace tiempo: Marc Cartes (repite conmigo después de Amor Idiota) y Cristina Plazas, que acaba de triunfar como la protagonista de Fuenteovejuna pero que ya descubrí, al lado de Carles Alberola, en una deliciosa Mandíbula afilada. Finalmente, quiero destacar el trabajo delicado de la mexicana, afincada entre nosotros, Patricia Arredondo (también descubierta en el TNC con Forasters de Belbel) y la adecuación a parámetros muy alejados de sus trabajos habituales de Gerardo Zamora. Gerardo es un actor, que descubrí gracias a Ricardo Ramón en un cásting en Lima, de gran popularidad por sus protagonistas en los culebrones de Perú, su país, y que con su interpretación de Jorge Washington, el inmigrante quechua, debuta en nuestro cine. Finalmente, tuve la suerte que Abel Folk, actor de larga y reconocida carrera, aceptara el difícil reto de ser la voz narradora. Con todos ellos me he lanzado a la composición de este puzzle multilingüístico (que no multicultural) en que finalmente se convierte mi película a modo de mosaico de lo que nos está cayendo en nuestras latitudes. Me gustaría que el espectador disfrutara, como yo, del reflejo de nuestra cotidianidad lingüística, la constatación de la coexistencia, nada traumática, de cuatro idiomas: catalán, castellano, inglés y quéchua, por cierto la quinta lengua más hablada entre nosotros.

 

Tengo también la suerte de contar desde hace años con un equipo fiel, muy compenetrado, sin el cual mi ritmo de trabajo no se entendería. Son profesionales y creadores de larga trayectoria que se compenetran con mis variadas apuestas y se convierten en mis cómplices imprescindibles. Entre tantos quiero destacar muy especialmente a Aintza Serra en la producción, Bel·lo Torras en la decoración, Pere Abadal como montador y, last but not least, el gran Carles Cases que, con ésta, ya ha compuesto la música de once de mis películas.

 

Ventura Pons

 
ANIMALES HERIDOS

Guión, Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

basada en relatos

de ANIMALS TRISTOS

de JORDI PUNTÍ

 

Directora de Producción

AINTZA SERRA

 

Música

CARLES CASES

 

Fotografia

RAFA LLUCH

 

Montaje

PERE ABADAL

 

Art Director

BEL·LO TORRAS

 

Sonido Directo

NATXO ORTÚZAR

 

Laboratorio

IMAGE FILM

 

Estudio Montaje

AMADEUS POSTPRODUCCIÓ

 

Una producción

d’ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

con la colaboración de

TELEVISIÓN ESPAÑOLA, S.A.TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

distribuïda por

FILMAX

 

 
ANIMALES HERIDOS
SILVIO
JOSÉ CORONADO
MARCIA
CECILIA ROSSETTO
CLÀUDIA
AITANA SÁNCHEZ-GIJÓN
DANIEL
MARC CARTES
IRINA
CRISTINA PLAZAS
MARIELA
PATRICIA ARREDONDO
JORGE WASHINGTON
GERARDO ZAMORA
CARLOTA
AINA CLOTET
SOCI
FRANCESC ALBIOL
CUQUI
TERESA MANRESA
JORDI
PAUL BERRONDO
DORIS
SUE FLACK
NARRADOR
ABEL FOLK
 
 
ANIMALES HERIDOS

Mar del Plata (Argentina)

Moscou (Rusia)

Los Angeles, Chicago, New York (Lacinema Fe)

Napa Valey, Tijuana, Fort Lauderdale y Puerto Rico (USA)

Bogotà (Colombia)

Montpeller y Nantes (Francia)

Santo Domingo (Rep. Dominicana)

Lima (Perú)

Jerusalem y Haifa (Israel)

Viña del Mar (Chile)

Espoo (Finlandia)

Splitz (Croacia)

Luxemburgo (Luxemburgo)

Lisboa (Portugal)

México D.F. (México).

 

Premios:

Gran Premio del Jurado (Festival de Lisboa)

Nominaciones Premios Barcelona: Mejor Película Catalana. Ventura Pons: Premi Zinegoak 2005 

 

 

 

 

 

 
ANIMALES HERIDOS

LA INFECCIÓN SENTIMENTAL

Tres relatos del libro Animals tristos, de Jordi Puntí, alimentan el último trabajo de Ventura Pons, a quien las películas episódicas (El perquè de tot plegat, Carícies) le salen siempre estupendas, sobre todo si se permite integrar parte de un sketch en otro, interrelacionarlos entre sí. De hecho, Animals ferits tiene el aspecto de una única historia, tal es su admirable estructura.

 

La primera trama concierne a las relaciones entre un hombre casado y su amante, que viven su ardor sexual más que su amor en puntuales citas en un hotel, siempre en la misma habitación. La segunda tiene por protagonistas a una pareja que pasa sus vacaciones en un camping de la Costa Brava. Y la tercera, a una mujer de la limpieza mexicana, que trabaja precisamente en el lujoso apartamento del marido adúltero y su esposa, y a un joven peruano recién llegado a Barcelona.

 

En todos los casos, a los personajes los vemos acompañados de otros personajes, cuando no por una marea humana que se dirige al Camp Nou o regresa de él. Pero, paradójicamente, se hace difícil concebir criaturas más solitarias, desamparadas e incomunicadas que las que componen este fresco contemporáneo.

 

Pons logra plasmar el latido de nuestra época y sus infecciones sentimentales. Lo hace, apoyado en un trabajo espléndido de sus actores, aunando con maestría los efectos cómicos y los patéticos. Y aunque le sobra el subrayado de la voz en off del narrador, sabe sacar un gran partido de los silencios en las escenas del camping, las mejores: los paseos por Cadaqués, las lecturas junto a la caravana de ella, la indiferencia de su relación (necesitan un urgente, rosselliniano Viaggio in Italia) radiografían el paisaje emocional de hoy mismo.

Jordi Batlle

La Vanguardia

LAMIÉNDOSE LAS HERIDAS DE AMOR

La más reciente de las películas de Ventura Pons, rodada el pasado verano –ya anda ultimando los preparativos de un nuevo proyecto, de vinculaciones valencianas–, adapta una obra de Jordi Puntí para proponer, desde la más tangible cotidianidad, una compleja reflexión moral a propósito de las consecuencias de la conducta amorosa. Un comportamiento sentimental que –sólo aparentemente, puesto que están muy vinculados entre sí– el cineasta divide en cuatro movimientos, asimilados a cadencias musicales, centrados respectivamente en quienes son principales protagonistas en esos momentos, y atentos a tres clases sociales bien distintas. Los ejecutivos de éxito, la clase media y los inmigrantes con trabajos más ocasionales se muestran como víctimas y cómplices de sus propios fracasos, aunque deslices sería probablemente una palabra más adecuada, coincidiendo igualmente en su condición de “animales que se lamen sus heridas”, todo ello enmarcado en una especie de inmersión entomológica reforzada por una valiosísima e irónica voz en off.

 

Pero no vayan a creer que, por esa tristeza casi innata a los personajes y a sus errores, Animals ferits es una obra tristona o dramática. Todo lo contrario: la comedia, en ocasiones sofisticada, a ratos decididamente gamberra, campa a sus anchas en cada detalle, en cada secuencia, asumiendo lo vodevilesco (en la medida que lo plantearía un seguidor de la nouvelle cuisine) o lo inequívocamente canalla, como ocurre con el personaje de la esposa de Silvio –incluida esa mezcla de argentina e italiana– o con el libro arrojado desde el automóvil.

 

En esa especie de evocación de La ronda, de Ophuls, por poner un ilustre ejemplo, que el propio Ventura Pons había solucionado magistralmente en una de sus mejores películas, Carícies, el cineasta no deja títere con cabeza, en cualquiera de los diferentes movimientos citados, sea con relación a los decorados, al vestuario, al sexo, a los sentimientos, al engaño, a la gastronomía, los escenarios –del lujoso apartamento al no menos lujoso hotel, del camping de Cadaqués al bar de barriada o al piso de aspecto cochambroso, hasta llegar al circo donde todos pueden encontrarse alguna vez, camuflado de Can Barça, con esa espléndida secuencia de las miradas en el descanso del partido– y un sinfín de detalles que conforman una extraordinaria disección moral y filosófica a partir, exclusivamente, de materiales cotidianos. A los logros finales no resultan ajenos unos actores absolutamente entregados –Jose Coronado, Aitana Sánchez-Gijón, Cecilia Rossetto, Cristina Plazas, Patricia Arredondo, Marc Cartes, Gerardo Zamora–, una mimada música de Carles Cases, y la voz en off de Abel Folk. Una auténtica gozada

Antoni Llorens

Cartelera Turia

UN VODEVIL DE PROVINCIAS

En algún momento de esta película plural, compuesta en cuatro movimientos, en la que se diseccionan, con la habitual ironía de Ventura Pons cuando aborda los sentimientos, las relaciones que entre sí establecen gentes de la Barcelona de hoy, se habla de que estamos ante “un vodevil de provincias”. Y en una primera, y muy superficial visión, tal parece ser: personajes a menudo patéticos (alguno incluso de más: el que encarna Cecilia Rossetto, sin ir más lejos), caprichosos, relacionados entre sí en una suerte de danza circular, que muestran sus deseos, pero también su inconstancia.

 

Pero eso es sólo en primera instancia. A medida que se pasa del allegro assai del primer episodio, liviano, pero no por eso menos dramático en su resolución, y el ritmo se hace más pausado; a medida que descendemos en la escala social, de la cúspide de la pirámido alto-burguesa del primer episodio a la base proletaria e inmigrante del tercero, la mirada del narrador se va haciendo más incisiva, hasta desembocar en un último movimiento, ese finale rondo que cierra todas las soluciones narrativas. Ahí, en la resolución, nos sitúa Ventura Pons ante la lectura más posible del filme: a pesar de mostrar sendas historias de gente que vive vidas de pareja, o de adulterio, estamos en un terreno no muy lejano al que suele tratar el último François Ozon, el de la imposibilidad de la felicidad, el del desconocimiento profundo del otro.

 

Cada uno de los personajes está condenado a ver sus deseos insatisfechos, a chocar contra la indiferencia o contra el azar esquivo. En eso, como en la medieval Ronda de la Muerte, no hay clases sociales: todos padecen lo mismo, todos se agarran a lo que pueden para sobrevivir. Como apreciará el espectador de Pons, es éste un eslabón más en la ya larga cadena de historias que el cineasta ha forjado sobre el amor y sus contemporáneos. No es la mejor, pero tampoco desmerece de logros como Actrius, como Amic/amat: con este Ventura en la madurez de su oficio siempre se juega en terreno seguro. Y sus espectadores, agradecidos.

 

Mirito Torreiro

El País

ANIMALES HERIDOS: PAREJAS DISPAREJAS

Hace ya más de una década que Ventura Pons nos viene regalando con una regularidad insólita una serie de películas que dibujan una relación fecunda con la literatura, muy alejada del concepto habitual de adaptación. En Animales heridos parte de un libro de cuentos de Jordi Puntí y, sin disimular este origen, compone un mosaico formado por tres historias independientes y un final con tutti quanti. Lo único que las une es un tema común -el desencuentro, la infidelidad, la soledad de la vida en pareja- y la omnipresente voz en off de un narrador (excelente Abel Folk) que va puntuando con sus comentarios el sentido de los acontecimientos y nos explica, más que los personajes, lo que éstos piensan y sienten. Así, la película elude una identificación directa con sus criaturas, a las que contemplamos siempre a través de la distancia que impone el comentario y la misma estructura del relato en mosaico.

 

Este funcionamiento -no son los actores solos quienes construyen sus personajes- impone una forma particular de actuar, menos marcada y «psicológica» de lo habitual. Pons vuelve a hacer gala de su proverbial talento para elegir repartos que también se apartan de lo habitual: aparte de los conocidos José Coronado y Aitana Sánchez Gijón (estupendo su monólogo de despedida a su amante), sobresale la exuberante Cecilia Rosetto (tanguista extraordinaire) y un elenco de actores jóvenes de rostros tan nuevos como el trabajo que se les pide hacer. Coloreada por la música de Carles Cases, la película ensaya un tono (Ventura lo llama minimalista) inédito en un cine como el nuestro, que oscila entre lo mortecino, lo intenso y lo gamberro, pero rara vez se atreve a hablar de cosas serias con la elegante ligereza de que hace gala Pons aquí.

Antonio Weinrichter

ABC

ANIMALES HERIDOS

En el título del libro de relatos de Jordi Puntí, adaptado por Ventura Pons, los animales están tristes. En la película resultante, heridos. Ese matiz subraya el tono agrio, incluso desgarrador, que el cineasta catalán imprime a sus mejores títulos. Sea cual sea el autor literario que los sustente, sus protagonistas vuelven a ser aquí unos seres obsesivos, desorientados y que sólo sobreviven a costa de desprenderse de jirones de su pelaje en cada embestida que les da la vida.

 

También como en sus mejores films, Animales heridos regresa al rondó para hilvanar tres historias sólo aparentemente inconexas pero finalmente unidas por un común exorcismo de la soledad y por un fascinante juego de espejos entre la realidad y las apariencias. Lástima que, por desgracia, el tríptico arranque no con la menos interesante de las historias, sino con la más desenfocada de tono y de interpretación.

 

Las tribulaciones del ejecutivo barcelonés dividido entre una esposa de vodevil y una amante de diseño satisfará a los amantes de la comedia fácil, pero hay que esperar al segundo de los episodios, el de la pareja que necesita unas vacaciones en el camping para certificar que ya no tienen nada que decirse, para reencontrarse con ese cineasta que dispone de las proporciones exactas para mezclar la poesía con la mala leche. Elementos que reaparecen en la fascinante revisitación de los espacios de la burguesía catalana por inmigrantes latinoamericanos capaces de vibrar en el Camp Nou y, finalmente, cierran el círculo (que no el circo) con esos animales que, en la soledad, lamen sus heridas.

Esteve Riambau

Fotogramas

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