EL VIRUS DE LA POR, VENTURA PONS

David tiene veinte años y llega a Barcelona buscando una oportunidad.

Gràcia tiene sesenta y le ofrece una habitación a cambio de compañía y atención. Su convivencia es, desde el principio, explosiva.

¿Se darán cuenta a tiempo de que se necesitan?

 

VENTURA PONS

2011
AÑO DE GRACIA
AÑO DE GRACIA

David tiene veinte años y su pueblo se le ha quedado pequeño. Marçal, su mejor amigo, le lleva hasta la estación de tren porque sus padres se han olvidado de él. Al llegar a Barcelona, David se mira la ciudad ilusionado. Camina hasta el barrio de Gracia impaciente para comenzar su nueva vida.

 

La Gracia tiene sesenta años y esperaba acoger una chica a cambio de compañía y atención. Aparte de ser un chico, David es feo y parece más bien burro. La Gracia no lo ve nada claro, pero cambia de opinión cuando el chico le asegura que sabe jugar a la brisca. Aquella noche, después de dejarle claras las normas de la casa ("ni mujeres, ni drogas"), la Gracia le enseña a jugar como dios manda. Cuando le tira el Tarot se queda impresionada.

 

Las cartas dicen, claramente, que el chico tendrá una muy buena racha.

 

EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
 
AÑO DE GRACIA 
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AÑO DE GRACIA
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AÑO DE GRACIA
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AÑO DE GRACIA 

AÑO A AÑO, DÍA A DÍA.

Hace un tiempo me encontré con un vecino de escalera. Un ex diputado de izquierdas, algo casposo, siempre pegado a una de esas pipas largas que apestan y que te acercan todavía más el tabaco a tu cara, muy especialmente si estás en el ascensor y no ha tenido la delicadeza de apagarla. Está medio jubilado y ronda mucho por el Empordà. Me contó que había conocido en Sant Feliu de Guixols a alguien, al parecer un antiguo compañero mío de internado, cuyo nombre no me resultó familiar. A la semana volví a coincidir con el personaje y su incívica pipa y me insistió: mi antiguo colega tenía una foto del colegio donde aparecíamos juntos. No le hice caso.

 

Al cabo de unas semanas, a eso de las ocho menos cuarto de la tarde, salgo corriendo de mi casa para ir a Laie, mi librería de cabecera. Al día siguiente a las siete de la madrugada volaba al festival de Toronto y necesitaba lectura para el viaje, pesado, de muchas horas. Juro que sin libros no puedo volar. Justo al salir a la calle se me acerca y se presenta el anunciado hombre de Sant Feliu y me pone una foto de niños en uniforme ante mis ojos, sin saber que de cerca no pillo nada sin gafas. Me excuso, contándole mis prisas. Me suelta que dispone de tiempo y decide acompañarme las cinco manzanas que nos separan de los preciados libros. Me cuenta que se espera para recoger a su hijo media hora más tarde. ¿Ah, tienes un hijo? le pregunto, por decir algo. Dos, este es el mayor. ¿Y a qué se dedica? Anda en segundo de carrera, no sé cual dice, y ahora mismo deberá estar terminando de jugar a las cartas. ¿A las cartas? Sí, el curso pasado compartió piso, en uno de esos programas de ayuda a la gente mayor, con una señora que le flipaban las cartas. La vieja tenía muy mal carácter, mi hijo también tiene el suyo, pero ella supo meterle el virus de los naipes en la sangre. En ese momento llegamos a mi destino, me despido cordialmente y no lo he vuelto a ver jamás, de verdad. Sin darse cuenta había sembrado en mi cabeza la semilla para una película. Para una comedia.

 

Muchas veces he escrito sobre mi viejo placer por la comedia.  Y temo que voy a repetirme, pero es lo que pienso. La comedia es el gran desafío, el género que, vayas donde vayas, tiene más público que el drama, pero sin su reconocimiento social. En cualquier pais, y más en el nuestro, hacer reír se considera un arte menor y, en cambio, a las lágrimas se les dá un marchamo de calidad, qué le vamos a hacer. A pesar de mi antigua afición por formas narrativas libres y nada convencionales, siempre me han gustado los géneros y no me importa transitar de uno a otro, de un drama a una comedia o de la ficción a un documental mientras me apasione lo que explico y que sienta que existe mi mirada en la narración. Hace tiempo descubrí que en las comedias, al margen de su dificultad conceptual, donde la historia debe construirse como una bomba de relojería, también debe de haber mucha pasión. A la vez, la propia naturaleza del género las convierten en tremendas armas de precisión en manos de los directores… cuando se tiene de verdad algo que contar. El humor en sus diversas formas permite sólidos niveles de provocación dificilmente imaginables en el drama. Una buena constatación a tener en cuenta en cuanto te propones un tema. ¿Drama o comedia?

 

Vayamos pues por la cosecha que fue madurando después del inesperado encuentro con mi antiguo compañero. Una vieja fuerte y tremenda, a la greña con un joven inconformista, respondón, que no se corta por nada, ambos obligados a compartir la vivienda. Ni uno ni otro se dejan amedrentar, a pesar de que ella detenta el poder y el joven sólo las ilusiones. La vieja ya ha renunciado a sus sueños y el joven los está descubriendo. Una perpétua pelea sin tregua, aunque ambos se necesiten. La percibo como una situación fantástica, muy divertida, donde fabular, en clave de comedia, sobre las relaciones humanas. Esta pareja será la base para una historia urbana, trepidante, fresca, divertida, abierta. Y que además, por la diferencia de edades de los protagonistas, me cubre un amplio abanico de público. Con la colaboración, primero de Carme Morell y después de Jaume Cuspinera, empezamos a armar el guión. Volver a la comedia, qué placer, ¡uf!

 

El objetivo de David, el chico protagonista, es triumfar en el mundo artístico y demostrar a sus padres que existe una vida lejos del pueblo y de la tradición familiar, la anodina fábrica de chimeneas de su padre. Gràcia, la vieja cascarriabas con la que no tiene más remedio que convivir, se convertirá en el gran obstáculo de David para conseguir su meta: le incordia constantemente, le hace limpiar a todas horas, no le deja pintar, no le deja respirar, le pone día tras día de mal humor, le obliga a acompañarla a sitios imposibles... David no puede más hasta que al final, después de mil y una trifulcas, descubrirá que está muy bien tener sueños rebeldes en contra de todo y de todos pero que hacerse mayor implica también ser pragmático. Ayudar y dejarse ayudar por los otros. Madurar, en definitiva. Un descubriento compartido con Gràcia. Reforzando el objetivo de David, todos los enfrentamientos con Gràcia tomarán más sentido y transcendencia. El clímax final será más completo: David ha crecido y descubierto que la vida es mejor si la compartes. La vieja admite finalmente que las cosas cambian, el chico la acusa de explotadora. Ella le dá la razón y añade: “Sí, ya lo sé, y una hija de puta… Pero hoy vamos a hacer un paréntesis”.

 

Hemos intentado hacer sólido el sentido, el mensaje, que creo tendrá la película: a pesar de los pesares la vida es mejor si nos ayudamos los unos a los otros. Pero hay muchos otros temas que laten por debajo de este: la imposibilidad de comunicarnos en nuestra sociedad; la disolución del núcleo familiar tradicional, algo que casi siempre está en mis películas; la necesidad que la vida sea caos, movimiento; la precariedad laboral y social de la gente joven... y la gran y difícil aventura que puede ser una amistad intergeneracional. Como me escribió en un mail Cuspinera: ¡No sé, por temas no será! Y es que, respetando al máximo el objetivo, hemos buscado entender los personajes, entender su entorno, lo que nos ha permitido enriquecer la historia, intentando un encaje de bolillos con los subtemas que iban apareciendo a medida que crecía el guión. Otra cosa que también dice Cuspinera: en tiempos de crisis hagamos una llamada a la amistad y a una forma de entender el mundo, a avanzar despacio, disfrutando de la gente y del paisaje.

 

Después de haber paseado en mis anteriores trabajos mi interés narrativo alrededor de temas más trascendentes, más dramáticos, nuevamente he sentido la llamada de la comedia. Será porqué en las vivencias del hijo de mi antiguo compañero de internado encontré una buena historia. Una buena historia, sí, la madre de todas las películas, que me permitía un reparto de aquellos en los que podía creer ciegamente. Y también porque me sentí fascinado por las posibilidades de hacer una simbiosis con el tipo de humor basado en esos seres, tan frágiles en el fondo, en la lucha cotidiana con el trasfondo de un barrio tan singular como es Gracia. Gràcia es el paisaje de mi infancia y adolescencia y, aúnque ya no es lo que era, todavía conserva una personalidad mágica, atractiva, única. Es la suma y el placer de todo ello, añadir al rigor del concepto de la puesta en escena y de la interpretación, la emoción y la ternura de unos seres que, una vez más en mis películas, van a la busca de un poco de realización y de comunicación entre la vorágine de los tiempos que nos ha tocado vivir.

 

Intensamente. Año a año, día a dia.

 

Ventura Pons

 

 
AÑO DE GRACIA

Una producció de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

con la colaboración de

TELEVISIÓN ESPAÑOLA, S.A.

TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

Guión de

VENTURA PONS

JAUME CUSPINERA

CARME MORELL

 

Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Directora de Producción:

MAITE FONTANET

 

Música:

MAZONI

SANJOSEX

EL PETIT DE CAL ERIL

ILLA CAROLINA

GATO PÉREZ

ÈRIC VINAIXA

 

Fotografia:

SERGI GALLARDO

 

Montaje:

MARC MATONS

 

Art Director:

BEL·LO TORRAS

 

Ayudante de dirección:

CARLES VALERO

 

Sonido:

NATXO ORTÚZAR

 

Laboratorio:

IMAGE FILM

 

Estudio Montaje y Sonido:

INFINIA

 

Distribución a España y Andorra:

ALFA PICTURES S.L.

 

Distribución Internacional:

LATIDO

 
AÑO DE GRACIA
 
GRÀCIA
ROSA MARIA SARDÀ
DAVID
ORIOL PLA
PERE  
SANTI MILLAN
ENRIQUETA
AMPARO MORENO
NOA
DIANA GÒMEZ
SERGI
ÀLEX MARUNY
MARÇAL
RICARD FARRÉ
PARE
LLUIS X. VILLANUEVA
PAQUITA
NÚRIA FELIU
 
AÑO DE GRACIA

New York (Lincoln Center, US)

Guadalajara (México)

Chicago (US)

Seattle (US)

Bogotà (Colombia)

Galway (Irlanda)

Santo Domingo (Repúbica Dominicana)

Seül (Corea del Sur)

Cluj Napoca (Rumania)

Montpeller (Francia)

Alexandria (Egipto)

Festroia (Portugal)

Puerto Rico (EUA)

Caracas (Venezuela)

Sao Paulo (Brasil)

Quito (Ecuador)

L'Havana (Cuba)

Mèxic D.F. (México)

Köln (Alemania)

Premios: 

Chicago Latino Film Festival (USA)

Gloria Award Ventura Pons, Premi Sant Jordi Ventura Pons (España)

Galway Festival. Galway Hooker Award (Irlanda)

AÑO DE GRACIA

Trasciende la triste vida de sus personajes y la convierte en una magnífica aventura de la cotidianidad

No es fácil construir una buena tragedia, porque es un género que obliga a una honda introspección del ser humano. El rey de la tragedia griega, Sófocles, nos legó una bella frase que define con precisión el género: "Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho". Y es cierto que las almas torturadas de las Antígonas y los Edipos debieron llegar a una gran clarividencia, no en vano sus vidas se abrieron en canal.
 
Sin embargo, y alzando mi copa en honor al gran Sófocles, creo que el arte de hacer reír es aún más difícil que el de hacer llorar. El dolor es simple, y a poco que nos arañen las paredes interiores, los resortes de los miedos y las angustias se disparan con facilidad. Pero que un creador consiga saber qué mecanismos internos nos bajan las defensas hasta el punto de reírnos de nosotros mismos, no es cosa que pueda hacer cualquiera. Por supuesto hablo de humor inteligente, porque si se trata de pedo-caca-pis propio de las comedias baratas, entonces todo resulta fácil. La escatología es un recurso simple que activa, con pavloviana reacción, la risa simple. Pero cuando un creador quiere hacer arte inteligente y pretende activar nuestra capacidad reflexiva desde la cuerda floja de la broma y la ironía, entonces se trata de alguien de mucha categoría.
 
Categoría tiene, y muy demostrada, el director de cine Ventura Pons. Su recorrido internacional lo avala como uno de los directores que, sin pomposidad manchega, ni estruendo mediático, han sido más reconocidos en el exterior y ahí está su última película, Any de Gràcia, que ya tiene las maletas hechas para recorrer medio mundo. El jueves tuve la oportunidad de ir al estreno y ratifiqué lo que ya sabía. Que Ventura Pons es uno de esos catalanes universales que se han ganado la categoría a pulso de una vida completa dedicada a hacer arte de primera. A estas alturas su prestigio está hecho de granito, y sólo lamento que, como ocurre siempre en Catalunya con la gente brillante, no tenga todo el reconocimiento que se merece. Es verdad que está bien considerado, pero con una cierta boca pequeña, porque este país torturado siempre rebaja el nivel cuando se trata de los suyos y de sus méritos.
 
Con todo, espero que Any de Gràcia tenga el aplauso público que merece, porque es una comedia jocosa, inteligente y sutil que consigue trascender la triste vida de sus personajes y convertirla en una magnífica aventura de la cotidianidad. Espléndida como siempre Rosa Maria Sardà, acompañada de gente del nivel de una Amparo Moreno y Santi Millán, pero sobre todo de un joven Oriol Pla que sabe convertir su personaje en pura poesía. Por supuesto, no sé nada de crítica de cine, y sus señorías dirán su opinión. Pero personalmente creo que este Ventura Pons es excelso, precisamente porque no pretende serlo. Y no olvidemos que la poesía hecha de la vida simple es pura épica.

Pilar Rahola

La Vanguardia

VENTURA PONS: GRACIAS POR LOS AÑOS DE GRACIA

 

El Cine Catalán es un gran desconocido en el mundo. Un cine de dimensión limitada, pero proporcionada al tamaño del territorio y sus recursos, pero especialmente por el camuflaje al que le ha sometido la Historia, agazapado tras la existencia del Cine Español. Es trágico que casi todo lo que se rodó en Catalunya anterior a la Guerra Civil se ha perdido, y tras el conflicto fue trágicamente reprimido, a pesar de lo cual fue un cine valiente, resistente, que no se resignó, y periódicamente a lo largo del siglo XX fue pionero, siempre más moderno, y con una voluntad más universal que el cine peninsular. A pesar de todo, gran parte del mundo ignora su existencia e especificidad: ¡probablemente aún su nombre más trascendente sea el de Salvador Dalí, con sus aportaciones breves pero geniales cuando colaboraba con Luis Buñuel!

 

Al Cine Catalán pertenece y ha dedicado toda su ilusión e imaginación, todo su talento, Ventura Pons. Ventura, que procede de un mundo educado e ilustrado y que como muchos se catapultó a si mismo desde el trampolín del antifranquismo, entre muchas otras cosas se alimentó de la necesidad de sobrevivir y superar el reto de aquel arte cinematográfico mentiroso y mediocre que se producía en el país, preparando el terreno y protagonizando la Transición tras la muerte del Dictador: primero en el teatro, dónde se convirtió en una voz fundamental en Barcelona pero al que renunció cuando empezó a dirigir películas, para no distorsionar su concentración en hacer lo que realmente más le gustaba (aunque el teatro ha seguido siendo una de sus fuentes de inspiración constantes)

 

Teatro y Cine catalanes, y en catalán, sin excepción, ni guiños, ni renuncias, ni pactos, ni la menor duda, y no solamente por convicciones ideológicas, sino porque es la única manera natural conque Ventura Pons puede expresarse sin mentirse ni mentir. Lo contrario para él sería un pié forzado, y el primero en no creerselo sería probablemente él mismo.

 

La Historia ha querido que el Cine de Ventura Pons exista desde 1978, 3 años después de la muerte del Dictador, protagonizando al completo todo el tiempo de la Catalunya de las libertades, autónoma, aún no independiente, pero en diversos procesos de su progreso para ocupar el lugar definitivo que le corresponde en el mundo. No hay cineasta catalán que, como Ventura Pons, haya existido y rodado constantemente desde entonces, muy constantemente, y como he dicho antes, siempre en catalán y directa o indirectamente sobre su país y sobre nosotros, los catalanes. El cine de Ventura es nuestra espina dorsal, nuestra columna vertebral, en Catalunya decimos “el pal de paller”, nos identifica y deberíamos identificarnos absolutamente con él. Y utilizo el condicional porque Catalunya es un país complicado, psicológicamente maltratado y que pese a todas las convicciones aún no ha sabido amarse sin condiciones, sin traumas o sin, sí, es verdad, un cierto miedo, digámosle prudencia. Ni a si mismo, ni a los suyos. Ventura Pons por supuesto que es conocido, respetado, admirado. Por supuesto que ha tenido siempre éxito en mayor o menor medida, pero como todo lo catalán ha de conquistar ese amor y ese éxito cada vez, como si tuviera que empezar desde cero.

 

Esa es una particularidad de país, sin embargo, que ni aquí ni ahora podemos analizar exaustivamente, probablemente porque la misma sociedad catalana no se ha atrevido a hacerlo sin excusas ni disimulos. Sus contradicciones son un auténtico temario, y mira tu por donde el único cineasta que lo ha abordado, más indirecta que directamente, es él. Porque casi nunca Catalunya ha sido el tema de sus películas, pero lo catalán fluye, rebosa, se derrama por todos los poros de sus películas.

 

Desde “Ocaña, retrat impertinent” hasta su última novedad “Any de Gràcia”, son casi 40 años fluidos, no fáciles, pero que apenas han roto el afán de emociones, diversiones e ilusiones que ha explicado.Le hemos conocido miradas a los integrados, un amplísimo muestrario de representantes de lo que podríamos llamar el explícito catálogo de la comicidad del país, apuestas consecuentes por los autores teatrales más intrigantes y explícitos de Catalunya, confesiones de una desnudez obsesiva, fiestas que preanuncian el Musical que Ventura Pons aún nos debe, comedias hiperbólicas y sagaces retratos sociales, y una intensa admiración por el talento de los actores, algunos sus favoritos, y algunas sus favoritas, representadas a la perfección por ese film bisagra que fue “Actrius” donde reunió a Nuria Espert, Anna Lizarán y Rosa Mª Sardá, que es como mencionar a las tres divas definitivas contemporáneas, además de un sinnúmero de amigos y conocidos capaces de dar la nota en cualquier rincón de sus films.

 

Como la novedad es “Any de Gràcia” y la protagonista es precismente Rosa Mª Sardà que le ha acompañado desde siempre, déjenme puntualizar que esta actriz admiradísima en Catalunya y Espanya, adorada y temida porque es todo un carácter, pertenece a la breve pero extraordinaria tradición de Damas del teatro y del cine capaces de ser tan inmensas trágicas como cómicas: Katharine Hepburn, Carol Burnett, Anna Magnani…, no voy a seguir. Pero si aprovechar esta fusión de las dos máscaras, la de las lágrimas y la de las sonrisas, para abrir la perspectiva de un Ventura Pons que no renuncia a ninguna de las opciones, posibilidades y miradas, pero que es tan sincero con la desolación y densidad de un film tan adulto como “Amic/Amat”, con el rompecabezas anímico de variantes infinitas que es “Caricies” y con la desopilante apuesta por el divertimento desacralizado que es “Qué t’hi jugues, Mari Pili?”. No es un cine container, es un cine maravillado, perplejo ante las infinitas posibilidades del arte y de los sentimientos populares, con un inteligente capitulado en que el autor, siempre, ha de ser capaz de dar respuesta a su tiempo, pero especialmente a las posibilidades que le brinda “su” momento. Porque un director de cine no existe al margen de la vida, y su vida y La Vida se han de encontrar y conocer cada vez. Así, a épocas, Ventura ha sido más interior o mas coral, más negro o más multicolor, más fantasioso o tomando apuntes de la realidad, más secreto o más accesible, más dubitativo o más confesional, por supuesto. Pero jamás, jamás nos ha tomado el pelo ni se ha engañado a si mismo.

 

Llegados a este punto, conviene añadir que “Any de Gràcia” es una película contracorriente. En un mundo feroz, disgustado, indeciso, que da palos de ciego, un mundo en el que se vierten a diario vaticinios que duelen, dividen, aislan y lo que es peor, que consiguen culpabilizarnos de todo y pretenden hacernos creer que merecemos el castigo que recibimos y más aún los que vendrán; en ese momento de ruina y ruinas, que coincide con la transformación más poderosa que del cine y los medios de comunicarnos pudiéramos imaginar; aún incalculable, aún sin todas las herramientas ni sistemas necesarios; aún crítico; sí, ahora que parecen proceder la denuncia y la rabia, el pesimismo y la acritud, los dedos acusadores y ese lamerse las heridas que acostumbra a ser refugio de vencidos y no luchadores, ahora, y precisamente tras su etapa de cine más hosco y rabioso, Ventura Pons nos ha rodado una comedia vitalista, reconfortante, optimista y constructiva.

 

A eso le llamo yo llevar la contraria. O si preferís, el inconformismo de quien jamás dará las cosas por resueltas ni pondrá un The End precipitado a su compromiso con el tiempo, su país y todos nosotros.

 

Por esta y todas las otras razones, y por las muchas horas de placer, y porque nunca nos ha abandonado, y porque siempre ha sido una promesa la sorpresa del próximo Ventura y nos quedan muchos próximos Venturas por desempaquetar, aquí y hoy con todos ustedes, como dijo Anabel Campo Vidal, “una mirada libre”, “un catalán libre” y “las películas libres” de Ventura Pons.

Álex Gorina

CLFF CATÁLOGO FESTIVAL PREMIO GLORIA

Cruce de destinos

 

Una divertida y ágil comedia, atenta a los diferentes personajes y universos que la hacen posible, concebida por un Ventura Pons tremendamente juvenil – La espléndida banda sonora, con esas canciones que acompañan el deambular del joven protagonista, pero también por la manera de abordar las aspiraciones y los decepcionantes encuentros y desencuentros de ese mismo chaval-, capaz de colocar distintos ejemplos generacionales y muy diferentes actitudes ante la vida, ante el futuro, a partir de unos muy limitados enredos, hijos –en cualquier caso- de unas situaciones procedentes de un sustrato más bien dramático: soledad, inadaptación, carencia de ofertas laborales o de éxito artístico, escaso entrenamiento sentimental, etc.


Alguien ha señalado los contactos de esta comedia con numerosos ejemplos del cine italiano de diferentes épocas. También, obviamente, hay espacio y razones para acordarse de Woody Allen y algunas de sus numerosas comedias, sobre todo si pensamos en el papel que poseen la gran ciudad y el barrio de Gràcia, suficientes como para no echar de menos Manhattan del gran cineasta americano. Pero las virtudes más dignas de aplauso surgen de esa frescura, de esa capacidad para matizar diversas líneas de actuación y desarrollo de los personajes: esos restos de familia y matrimonios más o menos tradicionales reconvertidos en nuevos grupos y modelos de asociación –incluyendo el peculiar final de la historia-, sea a partir de la trayectoria del muchacho (padres separados, hermano trasplantado a Brasil, amigo en el pueblo) o de otros importantes personajes, como el de Gràcia (la estupenda Rosa María Sardà, viuda y solitaria), o los que interpretan Santi Millán y Amparo Moreno, con sus respectivos fracasos sentimentales; estas oscuras posibilidades de encontrar un empleo adecuado, un futuro profesional, un amor a medida; ese conjunto de historias de amor –sin amor y sin historia- que van desfilando por la pantalla a partir de los testimonios de los personajes.


Fresca, divertida, realista, esta nueva comedia de Ventura Pons interesa tanto por esa ajustada descripción de personajes, quimeras y ambientes, como por su propia construcción, fiel por un lado a los clásicos moldes de la comedia de todos los tiempos –antagonismo de personajes, manías particulares, controvertidos espacios, distanciamiento moral y generacional- y mucho más fiel todavía a una voluntad de poner sobre la mesa un cuidado y extenso programa de quejas, reclamaciones, reivindicaciones, válidas para cualquier edad y de enorme protagonismo en los tiempos que corren, cuando las frustraciones del contexto parecen decididas a acabar con toda espontaneidad y asomo de esperanza.


Como si fuera un saludable analgésico, una fórmula magistral, el film de Ventura Pons constituye un sano y efectivo remedio contra muchas aburridas proposiciones.

Anotni Llorens

Cartellera Turia

El incansable Ventura Pons regresa al espíritu de su opera prima, Ocaña, retrat intermitent (1978). Obviamente, ni David (Oriol Pla) necesita romper con los tabúes del añorado José Ocaña, ni el ambiente de las Ramblas postfranquista es el mismo que el de la liberada Gràcia actual. Lo que une ambos films es la capacidad de su director para dejar constancia fílmica de un tiempo y un lugar.


Y con una banda sonora muy concreta: la del nuevo y triunfal pop catalán, que acompaña a David mientras hace sus primeros pinitos en el amor/sexo y busca su lugar en el arte/mundo laboral. Coyuntural en el mejor de los sentidos, tiene la virtud de parecer fresca explicando la misma historia de siempre: quién soy, de dónde vengo, a dónde voy.

Pere Vall

Fotogramas

La nueva película de Ventura Pons es ligera y refrescante y habla con gracia sobre las penas cotidianas de hoy en día.

 

El título de la última película de Ventura Pons tiene por lo menos tres significados. Gràcia es el nombre de la protagonista, una viuda cascarrabias que vive sola con su amado periquito hasta que un jovencito de provincias llega a Barcelona con la intención de triunfar como artista plástico y se instala en su casa para cuidarla y hacer las tareas domésticas; tenemos, pues un retrato de mujer (expansivo: la Sardà se luce ya sea jugando a la “brisca”, maldiciendo, emborrachándose o fumando un porro) al tiempo que un clásico patrón de comedia con “pareja perfecta”.

 

Gràcia es, en segundo lugar, el barrio donde transcurre la acción, y ya sabemos que Pons ha tenido siempre buen ojo y buen oído para trasladar a la pantalla los ritmos y latidos de la ciudad y la época presente. Y gracia, en el sentido suerte, es la que obtendrán los protagonistas (la pareja de marras, pero también el afable dueño del bar encarnado por Millán) en esta aventura de Ventura, una comedia a la que se le podrá reprochar su extrema ligereza, a ratos su tono naif, pero que entra con la gratificante frescura de una horchata en pleno verano. Una comedia tonificante idónea para desengrasar las penas cotidianas de estos tiempos, porque también habla en sordina de ellos: la crisis, la juventud desatendida, los emprendedores…

Jordi Batlle

Guía del ocio

Ventura Pons planta cara a la crisis con una comedia protagonizada por David, un joven estudiante de primer año de Bellas Artes (el debutante Oriol Pla) que llega del pueblo dispuesto a abrirse camino en la gran ciudad. El problema es que para costear su estancia se acoge a un programa del Ayuntamiento que consiste en vivir en casa de una persona mayor gratis, a cambio de hacerle compañía. Gracias a él se instala en un apartamento del barrio de Gràcia, donde convive una cascarrabias insoportable llamada Gràcia, que borda Rosa María Sardà. Enriqueta (Amparo Moreno), vecina de Gràcia, y el dueño de un bar (Santi Millán) serán los únicos aliados de David, que sabrá salir airoso de la explotación a la que Gràcia le somete con la excusa de que está enferma.


La relación intergeneracional que entablan es una de las bazas de la película. El filme, que solo pretende hacer pasar un buen rato a una audiencia amplia, retrata tanto el barrio de Gràcia como la difícil situación en la que se encuentran los jóvenes como el protagonista, con ganas de comerse el mundo y de ligar con las chicas, pero sin recursos. La historia ofrece un panorama halagüeño, pero deja la puerta abierta al optimismo…


La película ofrece una amable visión de la vida en el barrio de Gràcia, con sus inevitables conflictos vecinales.

Marta Cervera

El Periódico

Capaz de rodar una película al año, Ventura Pons ha devenido la versión catalana de Woody Allen. Una proeza (creativa y económica) que entraña serios riesgos, algo evidente en la copiosa filmografía del miope con mejor vista de Manhattan, no de Barcelona, a pesar del impacto turístico de su Vicky, Cristina… Un año después de Mil cretins el cineasta barcelonés reaparece con Any de Gràcia.


El título muestra un doble sentido: cuenta el año que Gràcia, una arisca viuda sin gracia, alberga en su casa del barrio de Gràcia a un joven que quiere alejarse del opresivo entorno familiar. Ventura Pons parece retomar el inicio de su trayectoria fílmica, cuando en 1978 debutó con el documental Ocaña, retrat intermitent. Pero aquí se trata de una comedia de tono naturalista y con evidentes indicios del bagaje escénico que marcó los orígenes artísticos de nuestro incansable e incombustible cineasta.
“No tenemos futuro; vosotros lo tenéis todo”, le dice el joven díscolo a la siempre arisca dueña del piso, empeñada en controlar sus movimientos. La película tiene una estructura narrativa que oscila entre el episodio piloto de una sitcom, el sainete y la ironía característica del cine de Ventura Pons…


Sobresale el duelo interpretativo entre la veterana Rosa María Sardà y el prometedor Oriol Pla, perfectamente arropados por Amparo Moreno y Santi Millán…

Lluis Bonet

La Gràcia de Gràcia

És difícil trobar una pel·lícula de Ventura Pons que no sembli una pel·lícula de Ventura Pons…
El cineasta prefereix centrar-se en explotar la sigularitat dels seus personatges per treure el màxim de profit dels mecanismes de la comèdia fins a les darreres conseqüències…
Un film lleuger, de traç volàtil i que manté enganxat a l’espectador no en augmentar la seva curiositat per saber el que s’esdevindrà, atès que la successió d’esdeveniments és previsible, sinó pels moments d’humor i els gags que es van succeint al llarg del metratge.

Anna Petrus

DeCine

Gràcia (Rosa María Sardà) es una mujer de sesenta y pico años que vive sola en el barrio de Gràcia de Barcelona y se siente muy abandonada. Con el paso de los años se ha acabado convirtiendo en una vieja quejica, desagradable y malhumorada que no consigue congeniar con nadie. La pesada soledad acerca a la anciana hasta David, un joven estudiante de veinte años a quien ofrece una habitación en su casa a cambio de algo que no tiene y que le hace mucha falta: que le haga compañía y se preocupe por ella. David es activo e inconformista por lo que desde los primeros días no tardarán en saltar las chispas en la convivencia entre ambos. Sin embargo, los dos siempre se acaban dando cuenta de lo mucho que se necesitan el uno al otro.


Ventura Pons (“Forasteros”, “El porqué de las cosas”) suma a su larguísima y pintoresca filmografía esta comedia con tintes dramáticos en la que el humor y la ternura navegan de la mano de unos personajes que forman una pareja explosiva. La naturalidad es uno de los puntos fuertes del realizador catalán, característica que queda fielmente plasmada a lo largo de todo el metraje…


Rosa María Sardà (“La vida empieza hoy”, “Por la gracia de Luís”) se convierte en el mayor aliciente de la película, destacando entre un reparto en el que consigue salir airoso el joven Oriol Pla, en su primer largometraje para cine. Les acompañan, entre otros, Santi Millán (“Rivales”), Amparo Moreno (“Los pasos perdidos”) y Diana Gómez (serie de televisión “Aguila Roja”).

Any de Gràcia

Diari de Tarragona

In "Year of Grace" ("Any de Gracia"), the opening-night presentation of the 28th Chicago Latino Film Festival, a time-worn formula goes down nice and easy and practically rolls over and begs for a Hollywood remake: Cranky elder collides with raw youth, to life-affirming results.
Leaving his village and a dissolving home life for the urban wilds of Barcelona, Spain, college-age David (Oriol Pla) enrolls in a student program as in-home caregiver under the wary eye of Grace (Rosa Maria Sarda). She's a widow with a beloved parakeet, living above a bar frequented by aspiring artist David. Grace and David do not get along, until Catalan co-writer and director Ventura Pons engineers a thaw, first over games of cards, then over alcohol and other diversions.

Quick and breezy, the film has a really good score made up of Catalan pop singles, mostly in the key of Sensitive. An abbreviated romance between David and a fellow student (avid-eyed Diana Gomez) shows the Barcelona newbie what's possible in this new world. Though Sarda's role is pure situational comedy, with a pinch of pathos, she dines out on its possibilities.


Filmmaker Pons is this year's Latino Film Festival recipient of the Gloria Career Achievement Award. The film runs 87 minutes; it's in Catalan with English subtitles, and while the opening gala tickets run $65-$75, you're getting a movie, a reception, food, drinks, live entertainment and the whole package.

Michael Phillips

CHICAGO TRIBUNE

Wisdom is not inevitable. One gets the feeling that with the accrual of years and films, veteran filmmaker Ventura Pons exudes it like the sun gives off light. In his newest film, Year of Grace, we see the story of an old, mean curmudgeon helped into the light by a young, thoughtful artist. Just wording it like this makes me shudder, for in the wrong hands, this story could come off as trite and cheap, that art can save the world! and all you need is love! Instead, we get the feeling that there is no recipe, that it is messy and mundane as clipping toenails or going out dancing with friends. In this way, Year of Grace, much like life itself, is a comedy that’s sometimes tragic but ultimately a highly entertaining—in the holiest way— story of hope for all of us who make mistakes and persevere long enough to try and fix them.


Beginning with music, Pons’ style of scoring—at least in this film—means lyrics that matter with melodies mirroring emotive states in ways words cannot. Music opens the first scene with a not-quite-fevered strumming of an acoustic guitar tempered by a man’s voice (Mazoni) evoking the calm of James Taylor, a sound so creamy and soothing, listening to it is like slipping into a warm bed on a cold night.
The lyrics add a wonderful dimension, much like a narrator speaking in poem: “The river carries me off/and I didn’t say goodbye,” that fate, and not he, is responsible for his life. It’s an abdication of responsibility that smells ripe for change. The lyrics end: “And it’s what hurts me most,” this tragedy of not being able to say goodbye. You wonder if the character’s lament is for himself or for those he left behind. A reviewer for the Film Society of Lincoln Center said of the soundtrack: “The soundtrack is a veritable catalog of the best in new Catalan pop: Mazoni, Sanjosex, El petit de cal eril, Èric Vinaixa, Illa Carolina…” And its curating into this movie into the exact, right scenes demonstrates the adroit storytelling abilities of Pons.
This opening sequence introduces the main protagonist and hero, David (Oriol Pla). It’s a familiar scene of youth venturing out into the world, unhindered by baggage, motivated with hopes of wild sex, partying and finally becoming an artist. What makes this different from most scenes is that David-as-youth is much more complicated than what is usually portrayed in film. While he’s all about being in the present moment, he proves to be the harbinger of wisdom. We see him evolve, through sassing off to Grácia, professors and friends alike, to being humbled by circumstance. Perhaps in a time when American film stymies under the simplifying pressures to capitulate in the name of global appeal (and therefore, revenue), films such as Year of Grace feel like fresh air.


Arranged through a school program, David stays with Grácia, the Archie-Bunker/Melvin-Udall monster of a woman who seems unsalvageable. And like her nasty counterparts, Grácia is funny enough to spare us in the pews from having a panic attack. When David first arrives at her apartment, Grace interrogates the social worker arranging the homestay. “I hope he’s not like the last one, who didn’t even have the decency to flush the toilet after using it!” she hisses. Listening in the hallway, David and the sweet and silly neighbor, Enriquetta, react. “You flush?” Enriquetta asks, without missing a beat. “Yes,” David responds. Enriquetta sighs in relief. This is so funny in such an effortless, classic way. Over and over, Pons fills the movie with these nasty bits of Grácia, leavened by silly and very smart humor.
In the very next scene, “Like a knife that cuts a whole day into pieces,” is the first line of lyrics that accompanies David, as he walks around Barcelona. Smiling and full-on stride, David walks with purpose, joy even. But the lyrics capture and extend the trauma of the previous scene. Fortunately, David seems unaffected. Is it his youth? Is he simply unaware? While this is a story of the collision between two different ways of being in the world, rooted in age, the question arises: Do you have to be young to be full of hope? And does growing old necessitate the Grácia effect?


These universal fixtures of old-means-damaged and young-means-unabated provide a place for creativity and improvisation for Pons, and really, for the writers of this wonderful script, Carme Morell, Jaume Cuspinera and Pons, himself. While each character enjoys a complexity beyond the stereotype, it is together that they eventually enable the savoir-faire hidden in each other.
Ultimately, it is this complexity that provides a crucial realism to the movie. And just to be sure to ground the tale by honoring true and timely issues that young folks like David face, there’s even room for commentary on the truly scary state of not only Spain’s economic woe but the perilous state of all young people. Seen as yet another contour to a truly well-directed film, the inclusion of this type of realism offers a subtle nudge to the psyche, as if to strain just enough to be taken seriously by all of us, young and old alike. Truly this is not a Disney fairy tale but something closer to the comedy version of the Brothers Grimm.
No one was born mean, joy unfulfilled can turn to rot and sometimes it is the suffering we do for each other that can give us the chutzpah and grace to live the best versions of ourselves.
Bottom Line: Gorgeously shot, very well cast, Bob Dylan-esque soundtrack and a smart story that will feed your soul while making you laugh, Year of Grace takes you to the edge only to bring you back with crackling writing fueled by erudite understanding of that quality that’s usually attributed to G-d, grace.

Corey Nuffer

GOZAMOS

Year of Grace, much like life itself, is a comedy that’s sometimes tragic but ultimately a highly entertaining—in the holiest way—story of hope for all of us who make mistakes and persevere long enough to try and fix them. David is 18 years old and newly arrived in Barcelona in search of an opportunity. It’s a familiar scene of youth venturing out into the world, unhindered by baggage, motivated with hopes of wild sex, partying and finally becoming an artist. What makes this different from most scenes is that David-as-youth is much more complicated than what is usually portrayed in film. Arranged through a school program, David stays with Grácia, the Archie-Bunker/Melvin-Udall monster of a woman who seems unsalvageable. And, like her nasty counterparts, Grácia is funny enough to spare us in the pews from having a panic attack. Their coexistence becomes, from the start, explosive. Will they realize in time that they need each other? One of the great stars of Spanish cinema, Rosa Maria Sarda, is featured alongside rising star Oriol Pla in this sharply observed comedy by one of Spain's best-loved auteurs, a keen and ever-surprising tale of desire looking for new forms of expression. The soundtrack is a veritable catalog of the best in new Catalan pop: Mazoni, Sanjosex, El petit de cal eril, Èric Vinaixa, Illa Carolina… ??

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