EL VIRUS DE LA POR, VENTURA PONS

Seis personajes - arquetipos contemporáneos de la soledad urbana - se encuentran en un viejo piso del Ensanche barcelonés. Un matrimonio anciano, el hermano de ella y tres realquilados: una mujer rubia, que da clases de francés, un joven vigilante de seguridad, ex futbolista, y una muchacha sudamericana, embarazada.

 

VENTURA PONS

2007
BARCELONA UN MAPA
BARCELONA UNA MAPA

Seis personajes - arquetipos contemporáneos de la soledad urbana - se encuentran en un viejo piso del Ensanche barcelonés. Un matrimonio anciano, el hermano de ella y tres realquilados: una mujer rubia, que da clases de francés, un joven vigilante de seguridad, ex futbolista, y una muchacha sudamericana, embarazada.

 

El anciano, antiguo portero de la ópera a quien le gusta travestirse, les reúne a todos para pedirles que se marchen, ya que va a morir y quiere estar solo en el tramo final de su vida.

 

En el anodino piso barcelonés, el incesto, la homosexualidad y el adulterio se entrecruzan en la vida de los personajes... mientras asistimos al paso del tiempo en la ciudad mediterránea.

EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
 
BARCELONA UN MAPA
VO/ SUBT. CAST.
 
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VO/
 
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UN MAPA MUY ESPECIAL

 

Llevo leyendo y siguiendo en el teatro, siempre que me es posible, la prolífica obra de Lluïsa Cunillé desde que la dio a conocer hace más de quince años el Teatro Fronterizo con su primer texto representado, que creo fue Rodeo, en la temporada 92-93 en el Mercat de les Flors de Barcelona. Siempre me pareció una autora interesantísima, inquietante, muchas veces hermética, pero muy cercana y con un mundo poético interior de los más fascinantes de los autores contemporáneos europeos.

 

Hace tres años estrenó - deslumbrando la Sala Becket, para mí la cuna, el santa sanctorum, el máximo referente creacional de la nueva dramaturgia catalana: ¡bravo, bravo por el trabajo de Sanchís Sinisterra y de Toni Casares! - un gran texto, Barcelona, mapa d’ombres, que, medio escondido en una programación de miradas sobre nuestra ciudad, me dejó conmovido, emocionado, con ganas de no levantarme de la butaca, dispuesto a asistir de nuevo al rito de su representación. Un mundo poderoso, una historia llena de recovecos, unos personajes tremendamente construidos. Luego el texto, gracias al buen olfato de Josep Maria Pou, saltó al CDN en Madrid y… los grandes textos siempre tendrán largo recorrido.

 

Seis personajes - arquetipos contemporáneos de la soledad urbana - se encuentran en un viejo piso del Ensanche barcelonés. Un matrimonio anciano, el hermano de ella, y tres realquilados: una solitaria mujer rubia, que da clases de francés y sólo sale de noche; un joven vigilante de seguridad, ex futbolista a quien su mujer ha abandonado; y una muchacha sudamericana, embarazada. El anciano, antiguo portero del Liceu, la ópera de la ciudad, a quien le gusta travestirse, visita a las dos mujeres para pedirles que se marchen, ya que va a morir y quiere estar solo en el tramo final de su vida. Lo mismo hace su esposa con el vigilante a la vez que recibe la visita de su hermano, médico y homosexual, a quien no se atreve a pedir un falso certificado de defunción. Al final de la trama descubriremos las intenciones del matrimonio en un tour-de-force, absolutamente emotivo y genial, casi rozando el grand guignol, en medio de la poética más delicada. Así es ese microcosmos, paradigma de una sociedad antaño vencedora pero ahora en descomposición, donde el incesto, la homosexualidad y el adulterio se entrecruzan en la vida de los personajes... mientras asistimos al paso del tiempo en la ciudad mediterránea.

 

Estoy muy de acuerdo con Marcos Ordóñez cuando escribe: No falta ni sobra nada en este texto. Todo es importante, nada es "simbólico" o "significativo". No hay costumbrismo. No hay opacidad. Porque su tono es inusual. No es una autora difícil, como se ha dicho. Es una autora clara: lo que sucede es que hay demasiado ruido, demasiado tintineo a su alrededor. Y es una autora mayor, que quedará, cuando caigan las etiquetas y la pereza receptiva.

 

Ese mundo terminal de una sociedad que se acaba, que miente y se descompone, me permite mirar nuevamente a unos personajes que se me aparecen parientes de otros desesperados perdedores solitarios que he tenido la oportunidad de presentar en trabajos previos. Supongo que una de las cosas que más me atrajo para llevar el texto de la Cunillé al cine fue precisamente la gran riqueza dramática de los protagonistas, y del difícil momento que viven, y la ternura que me provocan. Sentía como si fueran viejos conocidos míos, como si salieran de Carícies o de La Rossa del bar o de Amor Idiota… Siempre he sentido un gran cariño por la gente sola, desesperanzada, a la que no le queda fuerza para luchar por un mundo mejor, ya que no lo ven posible en sus vidas.

 

Todo ello me llevó a plantearme la película como una apertura de los actos del texto, máxime cuando se basaba en una pieza tan cerrada de contenido y de acción. Pero en lugar de hacer una fácil apertura de “exteriores”, he buscado la apertura en el propio interior de los personajes. Tramé un guión que, al margen de unas pequeñas secuencias presentativas de los personajes, que precedieran cada uno de los cinco actos, estuviera lleno de flashes que tuvieran más que ver con el subconsciente, con el estado anímico que viven esas criaturas desvalidas, que con su realidad cotidiana. Una vez terminado el montaje, cuando el guión ya no es blanco sobre negro sino que finalmente se ha convertido en tu propia visualización de la historia, el resultado me recuerda un poco el concepto narrativo de mi primera película, Ocaña, retrat intermitent, rodada precisamente hace treinta años, donde también buscaba la verdad del personaje en base a unas intermitencias, a modo de provocaciones de la memoria que completan/configuran el retrato del personaje. En la puesta en escena de Barcelona (un mapa) he intentado separar los dos mundos contrapuestos, el real rodado de una manera limpia y serena y el más onírico, el de los flashes, que visualizo para explicar ese más allá de los límites aparentes de cada uno de los habitantes del piso del Ensanche.

 

Para terminar, algo con lo que debiera haber empezado. Sin la complicidad de los grandísimos actores que han aceptado crear estos personajes, esta película no se hubiera podido realizar. Mi más sincero agradecimiento a todos ellos, en particular al duo protagonista, Núria Espert y Josep Maria Pou, que son los que aguantan el armazón de toda la estructura narrativa. Con los dos sólo había trabajado una vez, con Núria en Actriusy con Pou en Amic/Amat y hemos tenido la suerte de encontrar nuevamente unos personajes que nos han permitido reunirnos y gozar de y con el trabajo. Tanto los ensayos como, sobretodo, el rodaje, serán unos días difíciles de olvidar, por ese goce especial, intenso, que percibes cuando intuyes que asistes a la creación de algo único que podrás compartir luego con el espectador. Ojalá la suerte que tuvimos en esas dos películas vuelva a aparecer en esta ocasión. A su lado, mi estimadísima y vieja cómplice, Rosa Maria Sardà, y los magníficos Jordi Bosch, María Botto y Pablo Derqui.

 

Los directores siempre damos la cara por los proyectos, pero la verdad es que el cine es un arte colectivo donde las responsabilidades, canalizadas por el director, son varias. Ha sido un placer repetir con mi equipo: Mario Montero en la fotografía, Carles Cases en la música, Pere Abadal como montador, Bel·lo Torras en la dirección artística, Maite Fontanet que ha organizando una producción mía por primera vez... A todos ellos mil gracias por su amistad y dedicación. Nos conocemos de muchas batallas que siempre hemos planteado buscando la máxima coherencia.

 

Ventura Pons

 
BARCELONA UN MAPA

Una producción de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

con la la colaboración de

TELEVISIÓN ESPAÑOLA, S.A.

TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

Guión, Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Basada en la obra

BARCELONA, MAPA D'OMBRES de LLUÏSA CUNILLÉ

 

Directora de Producción

MAITE FONTANET

 

Música

CARLES CASES

 

Fotografia

MARIO MONTERO

 

Montaje

PERE ABADAL

 

Art Director

BEL·LO TORRAS

 

Sonido Directo

NATXO ORTÚZAR

 

Laboratorio

IMAGE FILM, S.A.

 

Estudio Montaje

AMADEUS POSTPRODUCCIÓN, S.L.

 

Distribuïda por

FILMAX

 

 
BARCELONA UN MAPA
 
ROSA
NÚRIA ESPERT
RAMON
JOSEP MARIA POU
LOLA
ROSA MARIA SARDÀ
SANTI
JORDI BOSCH
VIOLETA
MARÍA BOTTO
DAVID
PABLO DERQUI
GENERAL BAUTISTA
DANIEL MEDRÁN
XAPER
RAMON VILLEGAS
ROSA JOVE
MIRANDA MAKAROFF
FILL LOLA
GERMÁN PARREÑO
AVI ROSA
JAUME BORRÀS
ROSA NENA
JANIS ASES
SANTI NEN
ÁLEX GIL
PARE ROSA
SALVADOR TÉLLEZ
JUAN RUBIO
ALAIN HERNÁNDEZ
 
BARCELONA UN MAPA

Toronto y Montréal (Canada)

Roma y Torino (G&L) (Italia)

New York (Lincoln Center)

Los Angeles (American Cinematheque)

Chicago, San Francisco, Jacksonville, Boston, Miami, Tiburon i Port Townsend (US)

Moscou (Rusia)

L’Havana (Cuba)

Swansea (Congrés ACS) (Gales, UK)

Belgrad (Serbia)

Istambul (Turquia)

Lisboa i Lisboa (G&L)(Portugal) 

Varsòvia (Polonia)

Bern (Suiza)

Lima (Perú)

Bogotà (Colombia)

Santo Domingo (República Dominicana)

Espoo (Finlandia)

Piestany (Eslovaquia)

Mèxic (México)

Toulouse, Montpellier, Villeurbanne-Lyon i Nantes (Francia)

Heidelberg (Alemania)

Reykjavik (Islandia)

Melbourne (Australia)

Sofia (Bulgaria)

Cambridge (UK)

Mèxic D.F. i Monterrey (México)

Chicago, Washington & San Francisco (EUA)

Guatemala (Rep. Guatemala)

Asuncion (Paraguay)

Tallin (Estonia)

Quito (Ecuador)

La Paz (Bolivia)

Budapest (Hungria)

Hamburgo (Alemania)

Astana (Kazajistán)

Tirana (Albania)

Jartum (Sudán)

Milan (Italia)

Libreville (Gabón)

Vilna (Lituania).

Freiburg ( Alemania)

Guatemala, La Antigua Guatemala, Quetzaltenango y Escuintla (Guatemala)

Marsella ( Francia)

 

Premios: 

Premio Idem 2008.

Ventura Pons: Premio Respect 2008.

Josep Maria Pou: Premio Zinegoak 2008.

Festival de Lisboa (G&L): Josep Maria Pou (Mejor actor) y Núria Espert (Mejor actriz).

Festival de Toulouse: Ventura Pons (Mejor guión).

Nominaciones Premios Barcelona: Mejor Película Catalana y Carles Cases (música).

Nominaciones Goya 2008: Ventura Pons (Guión adaptado).

Nominaciones Premios Butaca: Mejor Película, Josep Maria Pou, Jordi Bosch y Pablo Derqui (Mejor Actor) y Núria Espert (Mejor Actriz).

BARCELONA UN MAPA

El pozo humano y un Pou magistral

 

Analista muy crítico de la vida matrimonial, el escritor británico Henry Fielding se refirió a “este monstruoso animal compuesto de un esposo y una esposa”. Ignora este opinante si Lluïsa Cunillé tuvo en cuenta tan pesimista afirmación al escribir su magnífica pieza teatral Barcelona, mapa d’ombres, trasladada ahora al cine por Ventura Pons. La suya es una película escalofriante, con un aliviador contrapunto irónico. El matrimonio sirve aquí de metáfora, política y de toda una ciudad, a partir de la soledad de un grupo de personas que viven en aparente comunidad: el matrimonio propietario de un piso y sus tres realquilados.

 

En este microcosmos social, donde la palabra tiene el mismo valor que el silencio, Ventura Pons consigue la proeza de conciliar cine y teatro de manera admirable. No sólo por la utilización de –digamos- subterfugios fílmicos como el flashback o el tratamiento cromático de algunas imágenes, sino porque no intenta camuflar el origen escénico del material con que trabaja, potenciándolo visualmente.

 

La progresión narrativa resulta aquí fundamental para atrapar al espectador. Los casi monólogos iniciales de la profesora de francés (Rosa Maria Sardà), la cocinera argentina (María Botto) y el joven empleado de seguridad (Pablo Derqui) sirven de pórtico al demoledor mano a mano entre los cónyuges, servido magistralmente por Josep María Pou y Núria Espert, con la adición del hermano de ella (Jordi Bosch), donde se recrean secretos y mentiras familiares enterradas durante décadas. Este matrimonio constituye una dolorosa alegoría de quienes, creyéndose vencedores, siguieron en el bando perdedor. “Ganaron la guerra, pero perdieron la paz”, ha declarado Ventura Pons, que al final de su película repite las imágenes de archivo de los títulos de crédito. Las de una Barcelona hambrienta que se lanzó a la calle para aclamar la entrada de las tropas franquistas. En esas imágenes reside la clave de una espléndida película sobre la derrota perpetua.

Lluís Bonet Mojica

La Vanguardia

Almas pequeñas

 

Como quien quema el Gran Teatro del Liceo sin moverse de su habitación, Lluïsa Cunillé escribió Barcelona: Mapa d'ombres, estrenada en la sala Beckett de la Ciudad Condal en marzo de 2004, para un ciclo de miradas sobre la ciudad que, ni en el mejor de los pronósticos, podía haber soñado con una disección tan precisa, lúcida e incómoda del alma colectiva de una urbe que se sueña inmaterial, pero se revela tan pequeña que cabría (realquilada) en un piso del Ensanche. A propósito del estreno, escribía Marcos Ordóñez en las páginas de este diario el 20 de marzo de 2004: “No falta ni sobra nada en este texto. Todo es importante, nada es 'simbólico' o 'significativo'. No hay costumbrismo. No hay opacidad. Lluïsa Cunillé ha dado un gran salto con esa obra, pero sigue siendo escandalosamente desconocida fuera de Cataluña. Porque su tono es inusual. No es una autora difícil, como se ha dicho. Es una autora clara: lo que sucede es que hay demasiado ruido, demasiado tintineo a su alrededor. Y es una autora mayor, que quedará, cuando caigan las etiquetas y la pereza receptiva”. La película de Ventura Pons cumple, de entrada, una función ejemplar: servir de caja de resonancia a un texto teatral excepcional, audaz, que marca la conquista de un tono y la consolidación de la etapa de madurez en la perseverante trayectoria de una autora que, de haber desarrollado su labor en un contexto más receptivo a la insularidad y a la discreción del genio, ya llevaría tiempo cargando con la etiqueta de auténtico fenómeno. Pons vuelve a revelarse poseedor de virtudes infrecuentes entre los cineastas de aquí: tener las antenas muy bien orientadas a lo que se cuece en la escena teatral y escoger con muy buen gusto sus fuentes de inspiración.

 

Es muy difícil contar Barcelona (Un mapa), porque lo mejor es adentrarse en el microcosmos oscuro, humanísimo, marciano, miserable y conmovedor que levanta la autora dejándose llevar (y ganar) por su esquinado humor, sus calculadas cargas de profundidad y mala leche, sus virajes hacia lo poético y lo fantástico. Baste insinuar su excusa argumental: una pareja de ancianos comunica a los huéspedes que tiene realquilados en su viejo piso del Ensanche que ha llegado la hora de mudarse. El anciano, con las horas contadas, quiere morir en casa. Entre los personajes hay una profesora de francés, lúcida y desencantada, cuyo hijo arquitecto ha contribuido a construir la nueva Barcelona de diseño y asepsia, una joven camarera inmigrante embarazada y un guardia de seguridad abandonado por su esposa, con Edipo insatisfecho y una abandonada carrera como futbolista. También aparece el hermano de la casera, un médico que sueña con incendiar la ciudad, aunque el poder para hacerlo estará en otro rincón de esta historia de transformismos, endogamias, combustiones espontáneas e inconvenientes emergencias de la memoria histórica.

 

Este universo mal ventilado, pequeño y mezquino, culpable y claustrofóbico, pero con la potencialidad de una liberadora autodestrucción, es llevado a la pantalla por Pons con una opción estilística que resulta un tanto discutible: frecuentes flashes rompen el ritmo, la cadencia y, sobre todo, la atmósfera del relato, delatando cierta inseguridad a la hora de jugar a fondo la carta de la rigurosa estrategia conceptual de Cunillé. Sería interesante ver un remontaje sin esas interferencias: no sería una película fácil, pero sí excelente teatro destilado en buen pulso cinematográfico. Más comprensible es la apuesta por el star-system: aunque cueste olvidar el deslumbrante trabajo del reparto original -encabezado por Mon Plans y Alfred Luchetti-, la película -con, para empezar, Pou, Espert y Sardà- deja colmado al más insaciable degustador de interpretaciones sobresalientes.

Jordi Costa

El País

Nuria Espert y Pou en Barcelona

 

Un complot para estafar al Estado, un anciano que disfruta vistiéndose de mujer, un incesto consentido, adulterio, un cáncer terminal, un médico homosexual que frecuenta chaperos, un vigilante con complejo de Edipo y una pistola, una emigrante embarazada de un hijo bastardo y, más allá todavía, un hombre con asombrosos poderes kiroquinéticos, de los que entusiasmarían a Iker Jiménez... Todos conviviendo en un mismo piso del Ensanche de Barcelona, atrapados por su soledad y sus fantasmas. Pero no. No estamos ante una extraña versión de La 13 Rue del Percebe, ni ante un culebrón inverosímil o un folletín desquiciado, aunque las historias de estos personajes son dignas del Gran Guiñol. Estamos frente a la última y elegante película de Ventura Pons, Barcelona (un mapa), fiel adaptación de la obra dramática homónima de Lluïsa Cunillé, que lejos de ocultar su origen teatral, aunque a veces lo disimule con insertos documentales y agradecidos saltos al exterior, tiene su principal baza en una ajustada y eficaz puesta en escena y, naturalmente, en el prodigioso trabajo de sus protagonistas.

 

Aunque todos los actores se muestren tan comedidos y ajustados como convincentes, qué duda cabe que Núria Espert y Josep Maria Pou, como el anciano matrimonio protagonista, se llevan la parte del león, haciendo totalmente creíble no sólo sus literarios diálogos, sino también sus personajes singulares y oscuros. Singular oscuridad en la que radica el gran acierto de la película tanto como de la obra original. Bajo una capa de aburrida normalidad burguesa, de vidas grises con recuerdos del pasado aparentemente más grises todavía, se esconden secretos dignos de los atormentados personajes de Tennessee Williams. Esqueletos en el armario, mentiras arriesgadas y misterios que llegan incluso a lo mágico o paranormal, pero que afloran sutilmente sin perder nunca su extraña cotidianeidad, su casi terrorífica normalidad. Es aquí donde los actores cuentan, al personificar con exquisita y falsa sencillez a estos vulgares caracteres cuyas vidas, en realidad, están repletas de pasiones extrañas, perversiones inconfesables que acabarán por confesar, diarios secretos que estuvieron siempre abiertos y poderes paranormales capaces de provocar cataclismos.

 

Barcelona (un mapa) es, en verdad, el mapa secreto de un mundo pequeño, sencillo, y aparentemente normal, que sin embargo, sorprende con sus retorcidos entresijos. El retrato de ese universo pequeño burgués, plagado de sombras, desborda cinematográficamente para inundar también Barcelona entera, convirtiéndose quizá en fresco de la humanidad toda. Una humanidad ridícula y pequeña, triste y agobiada, pero capaz de lo impensable. Ésta es quizá la pieza clave de la película: la extraña historia de un hombre triste y enfermo, con sus pequeñas manías y perversiones, que, sin embargo, tiene el poder secreto de hacer arder el mundo. Parábola última y agridulce que hace de este filme de Ventura Pons uno de sus trabajos más originales y apreciables de su obra reciente.

Jesús Palacio

El Mundo

Con Pou, todo adquiere peso

 

El mapa que plantea Ventura Pons para esta Barcelona de hoy en día arranca de la guerra civil y de unas imágenes documentales: el triste y trágico blanco y negro se convierte en un sórdido y melodramático color. La historia se encierra en un tristísimo piso o pensión en el que vive una pareja con un plan (de pensiones, en efecto) y unos cuantos inquilinos en trance de desahucio, tan solos, desamparados y condenados que casi le dan sentido a ese arranque bélicoambiental.

 

Suenan al crujir de la madera las pisadas de Ventura Pons sobre el texto teatral de Lluïsa Cunillé: se estructura la acción en cuatro encuentros cara a cara entre los personajes, cada uno de ellos en una dependencia de la casa y en una progresión dramática tan teatral como «meló».

 

Apurado por este crujir de las maderas del teatro en su película, Ventura Pons intercala lonchas de cine: flashes de escenas exteriores, alusivas a lo que dicen o piensan los personajes enclaustrados. El efecto tal vez pueda ser considerado «moderno»: teatro veteado de ritmo cinematográfico.

 

En cualquier caso, el interés de esta obra, tal y como se ve en la pantalla, reside casi completamente en un actorazo y en su interpretación: Josep Maria Pou revienta por completo el barril de madera y deja en algo absolutamente banal el dilema entre teatro y cine. Construye un personaje devorador, pleno, inexplicable, atroz y que encima deja un noble espacio a los demás: Núria Espert se construye también a sí misma en ese grande y complejísimo molde esculpido por él. Y Jordi Bosch, Rosa Maria Sardá, Maria Botto y Pablo Derqui consiguen hacerse su hueco ante el corpachón escénico de Pou.

 

Probablemente todo el armario argumental debería funcionar como una gran metáfora de la historia del país: se empieza perdiendo una guerra y se termina perdiendo la habitación en un oscuro piso del Ensanche barcelonés. Lo que ocurre es que cada uno de los ramales o afluentes de la historia anega a la principal: una anciana que da clases de francés, una joven inmigrante embarazada y sola, un «segurata» abandonado, un hombre que se traviste, un homosexual a la caza..., y entre todos ellos, el adulterio, el incesto, la culpabilidad, la sordidez, el aire viciado y el aria de una ópera..., en el fondo gran metáfora de la historia de un país.Tiene especial gracia el apunte pirómano del personaje de Josep Maria Pou y su guiño liceísta.

E. R. Marchante

ABC

Barcelona ( Un Mapa)

 

No es ninguna novedad que en la sensata madurez artística en la que Ventura Pons lleva instalado desde hace un puñado de películas hay unos puntos fuertes. Por una parte, la cuidadosa (no siempre: ahí está el malhadado ejemplo de Caricias para atestiguarlo) elección de obras teatrales previas con temáticas que no hurtan, antes bien, buscan denodadamente hablar de sentimientos, y con frecuencia con descarnada crudeza. Por otra, unos actores que, a sus órdenes, revelan siempre su inmenso talento, su ancha humanidad: aquí, los veteranos, pero también los menos. Qué secuencia espléndida la de la conversación entre Josep Maria Pou y una María Botto que le da extraordinaria réplica.

 

Otro punto, en fin, es una puesta en escena cuidada, que se va despojando de película en película, y que aquí, reducido todo el material dramático a un espacio cerrado, adquiere un brillo especial. El pero es que la obra original escrita por la dramaturga Lluïsa Cunillé, que en escena se aprovecha de su sabia construcción, pero también de unas convenciones que no necesitan de grandes explicaciones, exigirían en cine una introducción menos abrupta de la que prepara el realizador y guionista. Con todo, la densidad emocional del texto se vierte desde la pantalla, en un ejercicio de pudor narrativo encomiable. Y de paso, certifica que con Ventura Pons estamos ante uno de nuestros más inteligentes, arteros cineastas de la emoción.

Mirito Torreiras

Fotogramas

Desnudos o disfrazados

 

A partir de un excelente texto de la dramaturga Lluïsa Cunillé, bien conocida en estas páginas por sus colaboraciones con la compañía teatral La Hongaresa, Ventura Pons insiste en una línea constante en toda su filmografía que no es otra que la aproximación al alma y al comportamiento humanos. Más cerca que nunca de los planteamientos de Carícies, el cineasta se centra en las conversaciones y quimeras de unos cuantos personajes para testimoniar, con un enorme rigor, las frustraciones personales y colectivas de un sector social perfectamente localizado. Aunque para el cineasta, no sin razón, esta historia aparentemente localista tiene suficientes implicaciones de valor universal y, por lo tanto, puede suceder o contextualizarse en tantas otras ciudades del mundo, Barcelona y las referencias a la posguerra, a partir del discurso que acompaña la entrada de las tropas franquistas, adquieren especial significación, tanto por las concretas alusiones a calles, plazas, edificios o clubs de fútbol perfectamente identificados en esa ciudad como por ese particular sentimiento de derrota, de endogamia, de mentiras y secretos, de frustración, que define diálogos y relaciones.

 

Muy pocos personajes, capitaneados por ese cuasi anciano y enfermo matrimonio que alquila habitaciones en su ya alquilado apartamento, cargados de una enorme capacidad de reflejar a propios y extraños: el vigilante futbolista, la cocinera argentina, la madura profesora de francés, el hermano? Una mirada a la familia, al conjunto de una sociedad que, como dice Ventura, fueron vencedores en la guerra y perdedores en la ?paz?, cuyos lazos sanguíneos parecen estar tan impregnados de secretos y mentiras como sus propias vidas cotidianas. Ni disfrazados, pese a que pueda reportarles una transitoria rentabilidad económica, ni desnudos, por más que parezcan aspirar a revelar sus esconidos silencios, van a encontrar salida al callejón donde les ha tocado vivir. Una visión desoladora y trágica, no exenta de irónicas y chistosas ocurrencias (?en estos partidos antiguos el Barça siempre gana?), enormemente enriquecida por un grandioso reparto cómplice que cuenta con los valiosos Josep Maria Pou, Núria Espert, Rosa Maria Sardà, María Botto, Jordi Bosch y Pablo Derqui. No os la perdáis.

 

Antoni Llorens

Cartelera Turia

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