EL VIRUS DE LA POR, VENTURA PONS

Ferran es un joven que malvive de trabajos esporádicos y de jugar a las cartas. En una partida conoce al Chino, un jugador con una presencia imponente, y se queda en deuda con él.

 

Ferran frecuenta los mejores restaurantes, las mejores timbas… y la noche en toda su extensión.

 

VENTURA PONS

2006
LA VIDA ABISMAL
LA VIDA ABISMAL

1980. En una mansión lujosa de un principado centroeuropeo, celebran el año nuevo. Un hombre muy elegante se sitúa bajo la mirada de todos. Le ofrecen una pistola. Mete una bala. Reposa el cañón en su sien. Cierra los ojos.

1972. Ferran es un joven que malvive de trabajos esporádicos y de jugar a las cartas. En una partida conoce al Chino, un jugador con una presencia imponente, y se queda en deuda con él. El Chino lo invita a una copa en el Cartago, un bar de prostitutas, donde le presenta a su princesa, Rosa.

Se convierten en amigos. Las partidas se hacen muy frecuentes y el Chino le propone girarse letras falsas para tener efectivo para jugar. Ferran frecuenta los mejores restaurantes, las mejores timbas… y la noche en toda su extensión.

En una partida un jugador tiende una trampa al Chino, que cae en ella. El hombre se lo lleva todo. Durante una semana el Chino desaparece y no para hasta dejar arruinado al jugador tramposo. Juega a todo y contra todos. Un labrador se arruina jugando con el Chino. La familia no tiene dinero y el labrador les ofrece un cargamento de mierda de gallina.

En un casino ilegal el Chino sorprende a todos recitando un poema sobre Rosa. Empieza a acumular beneficios frenéticamente. La policía interrumpe la partida. Detiene a todos y requisa el dinero. Ferran no aguanta más.

Se van para Madrid en coche. En un chalet disputan una partida de un valor incalculable. Durante tres noches consecutivas el Chino gana mucho dinero. De vuelta a Valencia, desaparece. Ferran lo busca unas cuantas semanas pero nadie sabe nada de él.

2006. Ferran interviene en una timba donde conoce a un hombre a quien el juego le ha arruinado la vida. Acaban hablando del Chino. Se convirtió en un personaje popular en Madrid, done reunió una gran fortuna. Se hizo tan famoso que incluso lo solicitaban en el extranjero para que se jugara la vida a la ruleta rusa.

1980. En la mansión centroeuropea, el Chino se sitúa bajo la atenta mirada de todo el mundo. Reposa el cañón en su boca. Cierra los ojos. Suena un disparo.

EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
EL VIRUS DE LA POR  VENTURA PONS
 
LA VIDA ABISMAL
VO/
 
 
LA VIDA ABISMAL

El porqué de LA VIDA ABISMAL

 

Aprovecho LA VIDA ABISMAL para hurgar y destapar parte de la memoria de una generación, la mía, que vivió en unas circunstancias muy distintas de las de ahora. Creo que vale la pena el esfuerzo de presentar y ofrecer como narración cinematográfica la historia que nos brinda, de forma novelada pero casi autobiográfica, Ferran Torrent en su último y espléndido libro situado a inicios de los setenta. Por lo menos para mí tiene un gran significado. Con esta película pretendo mirar, con cierto sentido del humor y sin nostalgia, los años adolescentes de nuestra deficiente formación como personas, con todas las frustraciones y también las esperanzas que se vivían en la última década del franquismo. Años oscuros, larguísimos, que no había manera de que acabasen, en los que el código de valores de los que mandaban se había podrido por lo antiguo que era pero que aún se manifestaba fuertemente en el día a día, y nos lo teníamos que tragar, fuera cual fuera nuestra opinión. Son los años de nuestra lucha, quizás ilusoria en parte pero muy entusiasta, buscando la liberación social y personal contra los estamentos represores más significativos: caciques, militares, gente del orden y curas, intransigentes obstinados, obsesionados en poner obstáculos y frenos en la evolución del país. Un país atrasado que iba viendo con estupefacción y envidia cómo fuera, muy cerca, tanto en las islas británicas a principio de los sesenta con la generación angry, como en Francia en mayo del 68 e incluso en Portugal, que se anticipó con la revolución de los claveles del 74, iban cayendo los viejos regímenes, defensores de toda clase de tabúes de la pequeña e inolvidable historia que querían hacer perdurar. Y nosotros, entretanto, esperando. Esperando y aguantando.

 

Aunque, ciertamente, observando el escenario del inicio de los setenta, que es cuando pasa la mayor parte de la acción, producen risa – reírse siempre es muy sano- muchos de esos personajes de la dictablanda ibérica, esperpentos de otro planeta, pero la verdad es que los tuvimos que soportar. Y si alguien lo duda que pregunte a la gente que dejó la piel en la prisión por tonterías de los tribunales, o a los últimos fusilados del régimen que, no lo olvidemos, se fue apagando sin dejar de aplicar la pena de muerta hasta el último suspiro. Unos años después, con la llegada de la democracia, las cosas fueron cambiando y mucho. Las libertades democráticas conseguidas en esas décadas son tan indiscutibles como la falta de memoria que se ha instalado entre nosotros. Este país parece otro pero me temo que mucha gente, sobretodo los jóvenes, piensan como si la libertad de la que disfrutamos nos hubiera llegado por gracia divina, como si se tratara de la cosa más natural del mundo, precisamente ahora que la fiera feroz ibérica vuelve a enseñar las garras de su rancio discurso y nos quiere obligar a volver atrás. El caudillo nos dijo adiós desde la cama pero sus herederos se han quedado entre nosotros para tomar el relevo como eternos testigos. Y no son pocos. ¡Qué miedo!

 

La historia que se explica en LA VIDA ABISMAL, en este contexto de páginas vividas, me sirve en primer lugar para presentar el viaje iniciático de un adolescente, rebelde que no sabe qué quiere hacer con su vida, y a quien el conocer a un personaje que vive al límite, en el borde del abismo, le servirá para ir descubriendo una vida muy alejada de la rutina de aquellos años tristes. De alguna manera este tema, el del despertar de la vida, el de ver cómo el mundo puede tener otro significado, ya lo había abordado en Food of love (Manjar de amor) con la relación que el alumno pasapáginas establece con el pianista, pero el relato de Ferran Torrent me ofrece mayor proximidad. No hay en el relato, ni en su más pequeña anécdota, nada que no me suene a experiencia vivida, que no me resulte familiar. Todos los episodios sobre la policía, el sexo, la iglesia… son muy identificables. También me permite el hecho de ahondar en los límites de la pasión, en cuál es el punto en el que el delirio de una obsesión se convierte en una actitud enfermiza. Un tema que me fascina, como creo que debería pasarle a cualquier persona que tenga un altro grado de implicación en un trabajo de creación. Me gustaría que se entendiera que, para mí, el juego (cualquier clase de juego) que presentamos es una excusa para hablar del sentido de la pasión por la vida, como una suerte de parábola de nuestras capacidades. Y finalmente el gran tema, la amistad. La relación con quien escogemos para formar un nuevo núcleo casi familiar.

 

Estos tres temas principales – la amistad, el descubrimiento de la vida y el sentido de la locura por vivirla – tienen mucho juego, tanto dramático como estético. En la puesta en escena, a pesar de una cierta articulación estructural no cronológica del guión, busco presentar los dos primeros de una manera limpia, llana y próxima para el público y el tercero con unas puntas visuales que sirvan para explicar la locura que nos puede dominar a todos en la búsqueda de ese ir más allá de los límites, de ese vivir cerca del abismo. En este sentido, el rodaje por primera vez en HD (alta definición) me ayudará a conseguir la visualización definitiva, sobretodo gracias a las oportunidades que me ofrece el montaje digital.

 

Sin la complicidad de unos actores y de un equipo tocados por la gracia de algún Dios de los buenos, que alguno hay, del Olimpo, esto no se podría conseguir. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento al magnífico e inquietante Óscar Jaenada, a la serenidad del debutante Jose Sospedra, a Antoni Valero, Juli Mira, Pepa Lòpez, en fin, al larguísimo reparto de actores valencianos que hacen honor a su buenísima reputación. Vuelvo a trabajar con mis (cada vez más) cómplices habituales: Mario Montero en la fotografía, Carles Cases en la música, Pere Abadal como montador, Bel·lo Torras en la dirección artística, Aintza Serra organizando la producción... Nos conocemos de trabajar juntos en muchas y muy variadas historias que me ha apetecido contar durante estos últimos años y que sin su concurso no habrían sido posibles.

 

Ventura Pons

 

 
LA VIDA ABISMAL

Guión, Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Basada en la novela

LA VIDA EN L’ABISME

de FERRAN TORRENT

 

Directora de Producción

AINTZA SERRA

 

Música

CARLES CASES

 

Fotografia

MARIO MONTERO

 

Montaje

PERE ABADAL

 

Art Director

BEL·LO TORRAS

 

Sonido Directo

NATXO ORTÚZAR

 

Laboratorio

IMAGE FILM, S.A.

 

Estudio Montaje

AMADEUS POSTPRODUCCIÓN, S.L.

 

Una producción de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

con la colaboración de

TELEVISIÓN ESPAÑOLA, S.A.

TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

Distribuïda por

FILMAX

 

 
LA VIDA ABISMAL
 
EL CHINO
ÓSCAR JAENADA
FERRAN JOVE
JOSE SOSPEDRA
FERRAN ADULT
ANTONIO VALERO
SALVADOR
JULI MIRAMARE
MARE
PEPA LÓPEZ
ROSA
NAUSICA BONNIN
PARE
ÁLVARO BAGUENA
JUANITO EL MORO
HWIDAR
LLAURADOR
PEP CORTÉS
CAPELLÀ
ALBERT FORNER
GERMANA
ISABEL ROCATTI
CATHÉRINE
KARME MÁLAGA
TAN
XIMO SOLAN
 
LA VIDA ABISMAL

La La vida en joc

 

Pel·lícules com El buscavidas, House of Games, El rei del joc i El jugador han abordat les perilloses conseqüències de fer del joc una forma de vida. En la seva nova pel·lícula Ventura Pons adapta aquesta tradició al món mediterrani, la qual cosa li resta una mica de dramatisme i tragèdia i l'acosta a una concepció més picaresca de la vida.

 

La prosa veloç de Ferran Torrent ha seduït prèviament directors com Francesc Bellmunt i Sigfrid Monleón. Expert en adaptacions literàries, Pons s'ha fixat en La vida abismal, la novel·la finalista al Premi Planeta del 2004: un relat iniciàtic que té com a eix la relació entre un alter ego juvenil del mateix Torrent i un cínic, carismàtic jugador professional al qual Óscar Jaenada -l'as a la màniga del film- aporta el seu exultant magnetisme.

 

Ambientada a les acaballes del franquisme, Pons i Torrent mostren el joc com una via d'evasió, rebel·lia i inconformisme, un petit espai de llibertat i triomf en un context gris i depriment. El disseny de producció reprodueix amb exactitud els anys 70, però, lluny de la nostàlgia agredolça de Cuéntame, el cineasta subratlla la claustrofòbia i opressió del món en què viuen els protagonistes, entre puticlubs llardosos i timbes sòrdides.

 

Pons aconsegueix fer la història intel·ligible per a qui sigui inexpert en l'ús dels naips i signa una de les seves pel·lícules més clàssiques dels últims temps, tot i experimentar amb alguna pirotècnia visual en les escenes de les partides. Fidel a la lletra i a l'esperit de l'original, el que se li pot retreure és precisament una transposició excessivament literal del text, que reverteix en algun diàleg massa barroc i una abundància de veu en off, i també un to massa monòton en la progressió dramàtica i el look de la pel·lícula.

Xavier Roc

Avui

Cuando el mundo era clandestino

 

Rastreador de novelas y piezas teatrales autóctonas, no por comodidad creativa sino porque sabe que toda buena película sólo puede fraguarse a partir de una buena historia, Ventura Pons, en La vida abismal, hace suyo un material literario con el que generacionalmente se sentía identificado.

 

Adaptado al cine por Francesc Bellmunt (Un negre amb un saxo, Gràcies per la propina) y Sigfrid Monleón (L’illa de l’holandès), el escritor valenciano Ferran Torrent ha encontrado en Ventura Pons un transcriptor visual de lujo. Con un detalle imprescindible en la siempre complicada relación entre cine y literatura: obviar la simple recreación caligráfica, llevando la novela y su meollo argumental al terreno fílmico y –por ello- creativo.

 

Ahora que se celebra el año Rusiñol cabe recordar lo que tan proteico artista aseveraba respecto a uno de los temas fundamentales contenidos en La vida abismal: “El juego es altamente moral. Sirve para arruinar a los imbéciles”. Es lo que debe pensar el Chino, un joven tahúr surgido de y encaminado hacia la nada, que se erige en tutor –y llave que abre las puertas de un mundo inimaginable- de otro joven, Ferran, cuyo universo personal se reduce a ganar algún dinero limpiando acequias y sobrellevar un mediocre ambiente familiar.

 

Ventura Pons juega hábilmente con los recursos narrativos del medio cinematográfico, aunque tal vez abuse de la voz en off, y arranca la película con un Ferran adulto (Antonio Valero) que rememora lo que tal vez fue un sueño: la existencia del Chino, que finalmente descifrará como real en un pasado que no puede olvidar. El recurso del flash-back permite reconstruir los tiempos en que el Chino adentró a su pupilo en escenarios que parecían fascinantes: el juego clandestino y las barras americanas donde hallar compañía y desahogo en lechos provisionales.

 

A pesar de algunas escenas cuyo tono caricaturesco se desmadra, caso del cura de pueblo e inquisidor local, La vida abismal se revela como una de las mejores películas de Ventura Pons. Depara escenas impagables y una impecable recreación de la época, partiendo de detalles nada nimios (la estantería con el libro de Sadoul sobre la Historia del cine, el tocadiscos y el elepé de Raimon). Como hay, asimismo, un gran trabajo actoral de Óscar Jaenada (hablando en catalán con acento valenciano), extraordinario camaleón interpretativo al que da oportuna réplica el debutante José Sospedra, toda una relevación.

Lluís Bonet

La Vanguardia

Una historia de iniciación y naipes

 

Veloces travellings de 360 grados, esmoquins blancos de solapas gigantes, monumentales partidas de póker, chulos de barrio, fachas de provincias, whisky Dyc, prostitutas obesas y una letanía jazzística que inyecta ritmo a la película... ¿De verdad que ése es el aspecto de lo nuevo de Ventura Pons?

 

Pues sí. La vida abismal (estreno el viernes), el nuevo filme del cineasta barcelonés, es una historia frenética que retrata la vida y la muerte de El Chino, un tahúr de los arrabales de Valencia en los últimos años del franquismo. Sus desventuras transcurren a veces con maneras de noir afrancesado y, a veces, con aires de blaxploitation. Y, sin embargo, la película lleva marca de la casa Pons.

 

«Esta historia», explica el director, «me interesó porque habla de la amistad, de la iniciación a la vida, de la muerte y la autodestrucción». O sea, tres temas recurrentes en la cinematografía del autor de Ocaña, retrato intermitente. A Pons, el alimento le viene esta vez de las páginas de una novela, La vida en el abismo, del valenciano Ferran Torrent. Fue allí donde nació El Chino -El Roget en la novela-, un jugador kamikaze, aficionado al doble o nada en los casinos y en la vida. Un tipo que recita versos de amor ridículos antes de descubrir una jugada ganadora igual que estafa a los bancos. Es decir: el papel perfecto para un actor con las facciones y el deje pendenciero de Oscar Jaenada.

 

«Descubrí a Oscar en un pase de Camarón y me quedé sin palabras», recuerda Pons. «Tenía que ser él». Y él, Jaenada en persona, sentado a su lado, enjoyado y bigotudo como un buen tahúr, esboza su sonrisa de canalla. «El Chino es un perdedor, por mucho que gane partidas a lo largo de la película. Es incapaz de conservar nada; corre y corre hacia su destrucción», explicó el actor.

 

Ese viaje al abismo tiene un testigo en Ferran (José Sospedra), el clásico chico inocente y melancólico de las historias de iniciación, al que le arrasa un vendaval de vida. Ahora quiere ligar sin pagar, proclama tras toparse con una turista francesa «guapa, culta y liberada». Él mismo, 30 años después, intenta dar sentido a la historia. «¿Me inventé el personaje para escapar de ese mundo?», se pregunta el Ferran adulto, interpretado por Antonio Valero.

Lluís Alemany

El Mundo

Sobrevivir (o no)

 

Basado en la novela de Ferran Torrent, cargada de referencias autobiográficas, La vida abismal es un nuevo film de Ventura Pons fiel a sus habituales planteamientos, esta vez con el afán de supervivencia y el riesgo en primer término y con una reconstrucción y reflexión constante sobre la España, mas concretamente la Valencia rural, de los años setenta, en las postrimerías de un franquismo que parecía que no iba a acabar nunca. Complementaria, en cierto modo, de las espléndidas –novela y película- Gràcies per la propina, la mirada de Ventura y Torrent observa el mediocre ambiente social y familiar en el que vive el protagonista y lo interfiere con ese torrente de apuestas y retos que supone el insólito personaje del Chino.

 

Por eso, La vida abismal constituye, ante todo, un relato de admiración y de iniciación, de extraña o precaria amistad entre quien parece haberse desprendido de todos sus lazos y quien, todavía, los mantiene prácticamente al completo. Desde una puesta en escena que rehuye el mero decorativismo o, simplemente, el realismo anecdótico, La vida abismal, aún contando con una excelente ambientación, sobrepasa la crónica puntual de una época para erigirse en metáfora sobre la vida, la libertad y el azar. Claro que, no obstante o precisamente por ello, la contextualización del relato conlleva suculentas anotaciones: la familia, el cura del pueblo, los locales de alterne, las pelotas bancarias, la economía rural, el encuentro con la chica francesa, los detenidos en una redada, el juego clandestino, etc.

 

Un contexto que conocemos bien y que vale la pena conocer mejor, que explicita la carencia de unas expectativas de vida y de libertad y justifica la fascinación que el protagonista siente por la inexplicable personalidad de su amigo, dispuesto a jugárselo todo a una carta. Nunca mejor dicho.

 

 

Antonio Llorens

Cartelera Turia

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LA VIDA ABISMAL

Cartagena d’Índies (ColOmbia)

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Seattle (US)

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Valdivia (Chile)

Galway (Irlanda)

Santo Domingo (República Dominicana)

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Frankfurt y Wiesbaden (Alemania)

México D.F. (México)

 

Premios:

CREU DE SANT JORDI DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA.

 

 

 
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